CENTRO DE ARTES
COSTA RICA
Francella Solano Campos
COSTA RICA
Francella Solano Campos
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 2800 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Plaza González Viquez - San José
UBICACIÓN DE PROYECTO: Plaza González Viquez - San José
El Centro de Artes Harold Fonseca se concibe como una intervención arquitectónica y cultural orientada a la revalorización del espacio urbano y de las preexistencias físicas, artísticas e institucionales del sector de Plaza Víquez, en el distrito de Merced, San José. El proyecto parte del reconocimiento de tres elementos fundamentales del sitio: la presencia de obras del artista Harold Fonseca integradas actualmente al espacio público, la infraestructura administrativa existente que alberga al Comité Cantonal de Deportes, y la vía férrea que atraviesa el terreno y divide el conjunto.
La intervención, con un área aproximada de 2.800 m², se plantea como un centro cultural contemporáneo que no sustituye las condiciones existentes, sino que las incorpora como generadoras del proyecto. La arquitectura actúa como un elemento articulador entre arte, institucionalidad, movilidad y ciudad, promoviendo nuevas dinámicas culturales y sociales a partir de la integración de estas preexistencias.
Plaza Víquez constituye un punto estratégico dentro de la estructura urbana de San José, caracterizado por su alta accesibilidad, diversidad de usos y presencia de infraestructura urbana relevante. Las obras de Harold Fonseca presentes en el sitio forman parte del imaginario colectivo del lugar, mientras que la sede del Comité Cantonal de Deportes cumple un rol institucional y comunitario consolidado.
A su vez, la vía férrea que atraviesa el terreno ha funcionado históricamente como un elemento de separación física dentro del sector. Sin embargo, esta condición se interpreta en el proyecto como una oportunidad para estructurar el conjunto arquitectónico y generar una propuesta que transforme una barrera urbana en un elemento de articulación espacial y simbólica.
El concepto general del proyecto se fundamenta en la arquitectura como articuladora de preexistencias. El diseño se construye a partir de la coexistencia del arte, la infraestructura administrativa y la vía férrea, integrándolas en una propuesta coherente y contemporánea.
El arte de Harold Fonseca actúa como eje expresivo y simbólico del proyecto, influyendo en la organización espacial, el lenguaje arquitectónico y la experiencia del usuario. Paralelamente, la conservación del área administrativa del Comité Cantonal de Deportes refuerza el carácter cívico e institucional del conjunto. La vía del tren, por su parte, estructura la implantación de los volúmenes, separando los edificios sin fragmentar el proyecto, y aportando una condición dinámica vinculada al movimiento y la historia urbana.
La implantación del Centro de Artes responde directamente a la presencia de la línea férrea que atraviesa el terreno. Los volúmenes se disponen a ambos lados de la vía, generando una separación física clara entre edificios, pero manteniendo la unidad funcional del conjunto.
La conexión entre los distintos cuerpos se resuelve mediante recorridos peatonales controlados y elementos de enlace que garantizan la continuidad espacial y la accesibilidad universal. Estas conexiones se conciben como espacios de transición y experiencia, permitiendo visuales hacia la plaza, el entorno urbano y el paso del tren, el cual se incorpora como parte de la narrativa del proyecto.
La edificación existente que alberga al Comité Cantonal de Deportes se conserva y se integra al conjunto arquitectónico, garantizando su continuidad operativa y funcional. Las intervenciones se limitan a mejoras puntuales de accesibilidad, funcionamiento y relación con el espacio público, evitando alteraciones que comprometan su identidad institucional.
La arquitectura del nuevo centro cultural establece una relación respetuosa con esta edificación, permitiendo la coexistencia de funciones administrativas y culturales dentro de un mismo equipamiento urbano.
El proyecto reconoce la presencia previa de obras de Harold Fonseca en Plaza Víquez como fundamento conceptual de la intervención. Estas obras se conservan, se integran y se reinterpretan dentro del conjunto arquitectónico, permitiendo que el edificio funcione como una extensión del espacio artístico existente.
Principios propios de la obra del artista, como la expresividad formal, el uso del color y la carga simbólica, se traducen en la configuración de espacios, recorridos y áreas de encuentro, fortaleciendo la identidad cultural del proyecto.
El Centro de Artes Harold Fonseca se consolida como un nodo urbano activo, donde arte, institucionalidad y movilidad coexisten de manera integrada. La incorporación de la vía férrea como elemento estructurador, junto con la conservación del área administrativa y el uso del arte existente, permite transformar una condición de fragmentación en una estrategia de articulación urbana.
El proyecto contribuye a la revitalización de Plaza Víquez, fortalece la memoria colectiva del sitio y promueve una visión de ciudad inclusiva, donde la arquitectura actúa como mediadora entre pasado, presente y futuro.
La intervención, con un área aproximada de 2.800 m², se plantea como un centro cultural contemporáneo que no sustituye las condiciones existentes, sino que las incorpora como generadoras del proyecto. La arquitectura actúa como un elemento articulador entre arte, institucionalidad, movilidad y ciudad, promoviendo nuevas dinámicas culturales y sociales a partir de la integración de estas preexistencias.
Plaza Víquez constituye un punto estratégico dentro de la estructura urbana de San José, caracterizado por su alta accesibilidad, diversidad de usos y presencia de infraestructura urbana relevante. Las obras de Harold Fonseca presentes en el sitio forman parte del imaginario colectivo del lugar, mientras que la sede del Comité Cantonal de Deportes cumple un rol institucional y comunitario consolidado.
A su vez, la vía férrea que atraviesa el terreno ha funcionado históricamente como un elemento de separación física dentro del sector. Sin embargo, esta condición se interpreta en el proyecto como una oportunidad para estructurar el conjunto arquitectónico y generar una propuesta que transforme una barrera urbana en un elemento de articulación espacial y simbólica.
El concepto general del proyecto se fundamenta en la arquitectura como articuladora de preexistencias. El diseño se construye a partir de la coexistencia del arte, la infraestructura administrativa y la vía férrea, integrándolas en una propuesta coherente y contemporánea.
El arte de Harold Fonseca actúa como eje expresivo y simbólico del proyecto, influyendo en la organización espacial, el lenguaje arquitectónico y la experiencia del usuario. Paralelamente, la conservación del área administrativa del Comité Cantonal de Deportes refuerza el carácter cívico e institucional del conjunto. La vía del tren, por su parte, estructura la implantación de los volúmenes, separando los edificios sin fragmentar el proyecto, y aportando una condición dinámica vinculada al movimiento y la historia urbana.
La implantación del Centro de Artes responde directamente a la presencia de la línea férrea que atraviesa el terreno. Los volúmenes se disponen a ambos lados de la vía, generando una separación física clara entre edificios, pero manteniendo la unidad funcional del conjunto.
La conexión entre los distintos cuerpos se resuelve mediante recorridos peatonales controlados y elementos de enlace que garantizan la continuidad espacial y la accesibilidad universal. Estas conexiones se conciben como espacios de transición y experiencia, permitiendo visuales hacia la plaza, el entorno urbano y el paso del tren, el cual se incorpora como parte de la narrativa del proyecto.
La edificación existente que alberga al Comité Cantonal de Deportes se conserva y se integra al conjunto arquitectónico, garantizando su continuidad operativa y funcional. Las intervenciones se limitan a mejoras puntuales de accesibilidad, funcionamiento y relación con el espacio público, evitando alteraciones que comprometan su identidad institucional.
La arquitectura del nuevo centro cultural establece una relación respetuosa con esta edificación, permitiendo la coexistencia de funciones administrativas y culturales dentro de un mismo equipamiento urbano.
El proyecto reconoce la presencia previa de obras de Harold Fonseca en Plaza Víquez como fundamento conceptual de la intervención. Estas obras se conservan, se integran y se reinterpretan dentro del conjunto arquitectónico, permitiendo que el edificio funcione como una extensión del espacio artístico existente.
Principios propios de la obra del artista, como la expresividad formal, el uso del color y la carga simbólica, se traducen en la configuración de espacios, recorridos y áreas de encuentro, fortaleciendo la identidad cultural del proyecto.
El Centro de Artes Harold Fonseca se consolida como un nodo urbano activo, donde arte, institucionalidad y movilidad coexisten de manera integrada. La incorporación de la vía férrea como elemento estructurador, junto con la conservación del área administrativa y el uso del arte existente, permite transformar una condición de fragmentación en una estrategia de articulación urbana.
El proyecto contribuye a la revitalización de Plaza Víquez, fortalece la memoria colectiva del sitio y promueve una visión de ciudad inclusiva, donde la arquitectura actúa como mediadora entre pasado, presente y futuro.








