TERRITORIOS QUE CAMINAN
COSTA RICA
Armando Monge Rojas
COSTA RICA
Armando Monge Rojas
UBICACIÓN DE PROYECTO: Coto Brus - Puntarenas
Universidad Internacional de las Américas
Estudiante de arquitectura: Armando Monge Rojas
Código de proyecto: J-0157-E
El término “territorio”, derivado del latín terra (tierra) y del sufijo -torium, que indica “lugar
relacionado con”, no solo designaba la extensión de tierra bajo el control o pertenencia de
una comunidad o un Estado, sino que, desde su propia raíz etimológica, remite a un lugar
vinculado, asociado y habitado. El territorio es una red compleja de relaciones entre
identidad, memoria y poder, donde convergen dimensiones políticas, culturales y
espirituales. No es únicamente soporte físico, sino un organismo dinámico que metaboliza
prácticas, saberes y vínculos colectivos.
Desde esta perspectiva surge la pregunta que orienta la investigación: ¿cómo pueden los
territorios transformarse en zonas de integración cultural, social y territorial que reconozcan
los derechos de las personas desplazadas, fortalezcan la identidad de las comunidades
indígenas y superen las divisiones impuestas por los Estados?
Esta investigación aborda el territorio desde una mirada antropológica, entendiendo el
habitar como una relación simbiótica entre comunidad y entorno. Se analizan formas
ancestrales de asentamiento donde lo ecológico, lo social y lo espiritual conforman una
unidad indivisible. La frontera se examina en su dimensión física, cultural y simbólica,
revelando su ambivalencia: límite impuesto por estructuras estatales, pero también espacio
potencial de intercambio y continuidad histórica. El desplazamiento, voluntario o forzado,
se reconoce como fenómeno estructural que evidencia la tensión entre control fronterizo y
dinámicas históricas de movilidad, donde el territorio no permanece estático, sino que se
desplaza con quienes lo habitan.
El sur de Costa Rica, particularmente el cantón de Coto Brus, se asume como microcosmos
de una problemática centroamericana más amplia: fragmentación de territorios indígenas,
economías rurales dependientes del intercambio transfronterizo y políticas migratorias
restrictivas. En este contexto convergen comunidades indígenas transfronterizas como el
pueblo Ngäbe-Buglé, migrantes laborales y poblaciones rurales desplazadas, configurando
una territorialidad móvil basada en flujos estacionales, circulares y pendulares. Se trata de
un territorio que se activa a través del movimiento y que se configura año tras año en las
rutas agrícolas, especialmente durante la cosecha del café. No obstante, aunque la
movilidad es estructural al modelo económico local, su abordaje institucional se centra
principalmente en la gestión administrativa, dejando en segundo plano su dimensión
espacial y territorial.
El proceso investigativo incluyó un trabajo de campo denominado “Encuentro con el
Territorio”, una gira a los cantones de Buenos Aires y Coto Brus, en la zona sur de Costa
Rica. Esta aproximación fue posible gracias al acompañamiento de MiFute y al apoyo de las
municipalidades de Coto Brus y Buenos Aires, permitiendo acceder a información clave y
conocer de cerca las dinámicas sociales, espaciales y culturales que caracterizan la región.
Se visitaron comunidades como Salitre, Territorio Bribri; Rey Curré, Territorio Brunca;
Sabalito; y la Comunidad La Casona, destacada por la unión de las etnias Huetar, Ngäbe-
Buglé y Boruca, así como la frontera con Panamá, cercana a Río Sereno.
El recorrido permitió identificar actores locales, participar en actividades comunitarias
dentro y fuera del territorio indígena, reconocer condiciones vinculadas a la movilidad, el
hábitat y la frontera, y establecer vínculos con iniciativas existentes. Más que una
observación externa, fue una experiencia de caminar el territorio, comprenderlo desde sus
ritmos y desde las trayectorias de quienes lo recorren cotidianamente.
Además, la propuesta se desarrolla de manera colaborativa con actores comunales y
asociaciones indígenas, permitiendo comprender sus necesidades desde la vivencia
territorial.
Asimismo, se desarrollaron entrevistas y encuentros en el marco de los “Diálogos del
Territorio”, espacios de conversación con arquitectos latinoamericanos cuya práctica
reflexiona profundamente sobre el territorio como sistema vivo. El pensamiento de Cazu
Zegers, quien plantea una arquitectura que emerge del paisaje y de la memoria del lugar,
reforzó la idea de proyectar desde la identidad y no desde la imposición formal. Ana María
Durán aportó reflexiones sobre el derecho al suelo y las territorialidades indígenas desde la
Amazonía, ampliando la comprensión política del territorio. Oliver Schütte contribuyó con
estrategias constructivas sostenibles, lógicas descarbonizadas y enfoques de arquitectura
adaptativa en contextos rurales. Arquitectos costarricenses como Alejandro Vallejo y Álvaro
Rojas reforzaron la importancia de una lectura sensible del paisaje y de la ruralidad como
condición cultural.
Estos diálogos consolidaron una visión de la arquitectura como práctica situada, ética y
culturalmente consciente, capaz de dialogar con saberes ancestrales y dinámicas
contemporáneas.
El mapeo territorial desarrollado permitió identificar la ruta migratoria vinculada al trabajo
agrícola, especialmente la ruta del café, así como nodos de cruce y encuentro que se repiten
año tras año. Esta cartografía evidencia que el territorio no es una línea fija, sino una red
dinámica sostenida por relaciones históricas, económicas y culturales que se activan al
caminar. El territorio no se contiene en los límites administrativos: se construye en tránsito.
En respuesta a esta investigación se plantea, de manera conceptual, una red de centros de
acogida intercultural en territorios del sur de Costa Rica. La respuesta que deriva de esta
investigación no es un objeto aislado, sino una estrategia territorial articulada a lo largo de la ruta migratoria identificada. Estos nodos funcionan como umbrales de llegada, espacios
de descanso, orientación y cuidado, pero también como lugares de transmisión de saberes
y fortalecimiento identitario. No interrumpen el movimiento; lo acompañan.
Más allá de su programa, estos centros materializan el impulso de reunirse. Su disposición
espacial retoma configuraciones comunitarias que fomentan integración y sentido
colectivo. La modularidad, la progresividad y la lógica constructiva local permiten
replicabilidad y adaptación climática, integrando estrategias de agua y energía desde una
perspectiva regenerativa.
Así, la arquitectura deja de operar como infraestructura de control y se transforma en
plataforma de hospitalidad. La frontera deja de ser línea rígida y se convierte en espacio de
encuentro. El territorio, fiel a su raíz etimológica, vuelve a ser un lugar relacionado con
quienes lo habitan, lo comparten y lo atraviesan.
Porque existen territorios delimitados por mapas. Y existen otros que, pese a las líneas,
persisten en moverse, resistir y reencontrarse.
Existen territorios que no se fijan: son territorios que caminan.
Estudiante de arquitectura: Armando Monge Rojas
Código de proyecto: J-0157-E
El término “territorio”, derivado del latín terra (tierra) y del sufijo -torium, que indica “lugar
relacionado con”, no solo designaba la extensión de tierra bajo el control o pertenencia de
una comunidad o un Estado, sino que, desde su propia raíz etimológica, remite a un lugar
vinculado, asociado y habitado. El territorio es una red compleja de relaciones entre
identidad, memoria y poder, donde convergen dimensiones políticas, culturales y
espirituales. No es únicamente soporte físico, sino un organismo dinámico que metaboliza
prácticas, saberes y vínculos colectivos.
Desde esta perspectiva surge la pregunta que orienta la investigación: ¿cómo pueden los
territorios transformarse en zonas de integración cultural, social y territorial que reconozcan
los derechos de las personas desplazadas, fortalezcan la identidad de las comunidades
indígenas y superen las divisiones impuestas por los Estados?
Esta investigación aborda el territorio desde una mirada antropológica, entendiendo el
habitar como una relación simbiótica entre comunidad y entorno. Se analizan formas
ancestrales de asentamiento donde lo ecológico, lo social y lo espiritual conforman una
unidad indivisible. La frontera se examina en su dimensión física, cultural y simbólica,
revelando su ambivalencia: límite impuesto por estructuras estatales, pero también espacio
potencial de intercambio y continuidad histórica. El desplazamiento, voluntario o forzado,
se reconoce como fenómeno estructural que evidencia la tensión entre control fronterizo y
dinámicas históricas de movilidad, donde el territorio no permanece estático, sino que se
desplaza con quienes lo habitan.
El sur de Costa Rica, particularmente el cantón de Coto Brus, se asume como microcosmos
de una problemática centroamericana más amplia: fragmentación de territorios indígenas,
economías rurales dependientes del intercambio transfronterizo y políticas migratorias
restrictivas. En este contexto convergen comunidades indígenas transfronterizas como el
pueblo Ngäbe-Buglé, migrantes laborales y poblaciones rurales desplazadas, configurando
una territorialidad móvil basada en flujos estacionales, circulares y pendulares. Se trata de
un territorio que se activa a través del movimiento y que se configura año tras año en las
rutas agrícolas, especialmente durante la cosecha del café. No obstante, aunque la
movilidad es estructural al modelo económico local, su abordaje institucional se centra
principalmente en la gestión administrativa, dejando en segundo plano su dimensión
espacial y territorial.
El proceso investigativo incluyó un trabajo de campo denominado “Encuentro con el
Territorio”, una gira a los cantones de Buenos Aires y Coto Brus, en la zona sur de Costa
Rica. Esta aproximación fue posible gracias al acompañamiento de MiFute y al apoyo de las
municipalidades de Coto Brus y Buenos Aires, permitiendo acceder a información clave y
conocer de cerca las dinámicas sociales, espaciales y culturales que caracterizan la región.
Se visitaron comunidades como Salitre, Territorio Bribri; Rey Curré, Territorio Brunca;
Sabalito; y la Comunidad La Casona, destacada por la unión de las etnias Huetar, Ngäbe-
Buglé y Boruca, así como la frontera con Panamá, cercana a Río Sereno.
El recorrido permitió identificar actores locales, participar en actividades comunitarias
dentro y fuera del territorio indígena, reconocer condiciones vinculadas a la movilidad, el
hábitat y la frontera, y establecer vínculos con iniciativas existentes. Más que una
observación externa, fue una experiencia de caminar el territorio, comprenderlo desde sus
ritmos y desde las trayectorias de quienes lo recorren cotidianamente.
Además, la propuesta se desarrolla de manera colaborativa con actores comunales y
asociaciones indígenas, permitiendo comprender sus necesidades desde la vivencia
territorial.
Asimismo, se desarrollaron entrevistas y encuentros en el marco de los “Diálogos del
Territorio”, espacios de conversación con arquitectos latinoamericanos cuya práctica
reflexiona profundamente sobre el territorio como sistema vivo. El pensamiento de Cazu
Zegers, quien plantea una arquitectura que emerge del paisaje y de la memoria del lugar,
reforzó la idea de proyectar desde la identidad y no desde la imposición formal. Ana María
Durán aportó reflexiones sobre el derecho al suelo y las territorialidades indígenas desde la
Amazonía, ampliando la comprensión política del territorio. Oliver Schütte contribuyó con
estrategias constructivas sostenibles, lógicas descarbonizadas y enfoques de arquitectura
adaptativa en contextos rurales. Arquitectos costarricenses como Alejandro Vallejo y Álvaro
Rojas reforzaron la importancia de una lectura sensible del paisaje y de la ruralidad como
condición cultural.
Estos diálogos consolidaron una visión de la arquitectura como práctica situada, ética y
culturalmente consciente, capaz de dialogar con saberes ancestrales y dinámicas
contemporáneas.
El mapeo territorial desarrollado permitió identificar la ruta migratoria vinculada al trabajo
agrícola, especialmente la ruta del café, así como nodos de cruce y encuentro que se repiten
año tras año. Esta cartografía evidencia que el territorio no es una línea fija, sino una red
dinámica sostenida por relaciones históricas, económicas y culturales que se activan al
caminar. El territorio no se contiene en los límites administrativos: se construye en tránsito.
En respuesta a esta investigación se plantea, de manera conceptual, una red de centros de
acogida intercultural en territorios del sur de Costa Rica. La respuesta que deriva de esta
investigación no es un objeto aislado, sino una estrategia territorial articulada a lo largo de la ruta migratoria identificada. Estos nodos funcionan como umbrales de llegada, espacios
de descanso, orientación y cuidado, pero también como lugares de transmisión de saberes
y fortalecimiento identitario. No interrumpen el movimiento; lo acompañan.
Más allá de su programa, estos centros materializan el impulso de reunirse. Su disposición
espacial retoma configuraciones comunitarias que fomentan integración y sentido
colectivo. La modularidad, la progresividad y la lógica constructiva local permiten
replicabilidad y adaptación climática, integrando estrategias de agua y energía desde una
perspectiva regenerativa.
Así, la arquitectura deja de operar como infraestructura de control y se transforma en
plataforma de hospitalidad. La frontera deja de ser línea rígida y se convierte en espacio de
encuentro. El territorio, fiel a su raíz etimológica, vuelve a ser un lugar relacionado con
quienes lo habitan, lo comparten y lo atraviesan.
Porque existen territorios delimitados por mapas. Y existen otros que, pese a las líneas,
persisten en moverse, resistir y reencontrarse.
Existen territorios que no se fijan: son territorios que caminan.





