RESIDENCIA ATRIUM
COSTA RICA
Arq. Daniel Alfaro Quesada
COSTA RICA
Arq. Daniel Alfaro Quesada
DISEÑO ARQUITECTÓNICO: Arq. Daniel Alfaro Quesada
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 174.80 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: LOS ÁNGELES - GRECIA
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 174.80 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: LOS ÁNGELES - GRECIA
En Los Ángeles de Grecia, Alajuela, Costa Rica, una comunidad rural con influencia periurbana marcada por la cercanía al Volcán Poás y las siluetas de la Cordillera Volcánica Central, nace la Residencia Atrium. A 1100 m.s.n.m. y aproximadamente a 18 km del cráter del coloso, la vivienda se concibe como un proyecto unifamiliar que busca responder a las necesidades del usuario, vinculándose tanto con las raíces de la arquitectura costarricense como con su contexto, mediante gestos espaciales, materialidades vernáculas y una relación íntima con el paisaje, aprovechando al máximo los recursos existentes.
No se plantea como un objeto que domina, sino como una presencia silenciosa que coexiste con el entorno. La casa se abre hacia el sureste, generando una conexión visual y sensorial con el perfil volcánico como telón de fondo. En este diálogo con el contexto se retoman elementos esenciales de la tradición costarricense: el corredor, reinterpretado en clave contemporánea como espacio de transición y resguardo climático, y el patio central o atrio, convertido en el corazón de la vivienda.
El atrio, abierto, sin techo y con vegetación tropical, se convierte en el núcleo organizador de la residencia. Su centralidad espacial otorga jerarquía y pertenencia, y su condición abierta genera un microclima que aporta vida al interior, favorece la ventilación cruzada, la iluminación natural y la regulación térmica, todas ellas estrategias pasivas. Este espacio sintetiza en un solo gesto tradición, función y experiencia. Su carácter ancestral lo vincula con culturas que han utilizado patios como recurso atemporal, y sensorialmente permite mirar el cielo, sentir el clima y convivir con la naturaleza.
La materialidad refuerza esta vocación vernácula. La vivienda se desplanta en la sección más alta de la propiedad sobre un basamento conformado por un muro de retención de 50 cm de altura, que resuelve la diferencia de niveles del terreno y se reviste con piedra volcánica, aportando solidez y carácter, además de establecer un vínculo directo con el territorio y sus orígenes geológicos. Sobre ello, el ladrillo de arcilla, como elemento estructural y evocativo, define la envolvente con calidez y textura, mientras que los elementos en madera, como cielos y carpinterías, añaden cercanía y tradición. Finalmente, los tonos crema y musgo integran cromáticamente la arquitectura con el paisaje circundante.
Cada elemento se convierte en un puente entre lo construido y lo natural, entre lo contemporáneo y lo tradicional. Es así como Atrium se concibe desde lo esencial: una arquitectura que depura gestos para responder a las necesidades actuales con un lenguaje silencioso, auténtico y profundamente integrado.
No se plantea como un objeto que domina, sino como una presencia silenciosa que coexiste con el entorno. La casa se abre hacia el sureste, generando una conexión visual y sensorial con el perfil volcánico como telón de fondo. En este diálogo con el contexto se retoman elementos esenciales de la tradición costarricense: el corredor, reinterpretado en clave contemporánea como espacio de transición y resguardo climático, y el patio central o atrio, convertido en el corazón de la vivienda.
El atrio, abierto, sin techo y con vegetación tropical, se convierte en el núcleo organizador de la residencia. Su centralidad espacial otorga jerarquía y pertenencia, y su condición abierta genera un microclima que aporta vida al interior, favorece la ventilación cruzada, la iluminación natural y la regulación térmica, todas ellas estrategias pasivas. Este espacio sintetiza en un solo gesto tradición, función y experiencia. Su carácter ancestral lo vincula con culturas que han utilizado patios como recurso atemporal, y sensorialmente permite mirar el cielo, sentir el clima y convivir con la naturaleza.
La materialidad refuerza esta vocación vernácula. La vivienda se desplanta en la sección más alta de la propiedad sobre un basamento conformado por un muro de retención de 50 cm de altura, que resuelve la diferencia de niveles del terreno y se reviste con piedra volcánica, aportando solidez y carácter, además de establecer un vínculo directo con el territorio y sus orígenes geológicos. Sobre ello, el ladrillo de arcilla, como elemento estructural y evocativo, define la envolvente con calidez y textura, mientras que los elementos en madera, como cielos y carpinterías, añaden cercanía y tradición. Finalmente, los tonos crema y musgo integran cromáticamente la arquitectura con el paisaje circundante.
Cada elemento se convierte en un puente entre lo construido y lo natural, entre lo contemporáneo y lo tradicional. Es así como Atrium se concibe desde lo esencial: una arquitectura que depura gestos para responder a las necesidades actuales con un lenguaje silencioso, auténtico y profundamente integrado.








