CASA UTILITAS
COSTA RICA
Arq. Renzo Grazioso Solano
COSTA RICA
Arq. Renzo Grazioso Solano
DISEÑO ARQUITECTÓNICO: Arq. Renzo Grazioso Solano
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 118 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: SAN JUAN - LA UNIÓN
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 118 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: SAN JUAN - LA UNIÓN
El proyecto se plantea como una toma de posición frente a la repetición y la pérdida de sentido que caracteriza gran parte de la vivienda contemporánea en condominio. Ante un contexto dominado por la copia y la estandarización, se propone una arquitectura que vuelve a lo fundamental: el espacio, la proporción y la experiencia del habitar.
El emplazamiento —un terreno esquinero rodeado de viviendas con tipologías repetidas— se entiende no como una restricción, sino como una oportunidad para construir presencia urbana desde la medida y la claridad. El lindero más extenso se asume como fachada principal, permitiendo que el orden, la escala y el gesto arquitectónico se manifiesten con naturalidad. Se enfatiza principalmente la horizontalidad del volumen se enfatiza mediante una curva continua que define el acceso, configurando un umbral que media entre la calle y la vida interior.
La casa se organiza desde la esencialidad. El espacio central, destinado a la vida común, actúa como el corazón del proyecto: un lugar de encuentro, permanencia y memoria. La distribución prescinde de jerarquías innecesarias; los dormitorios comparten dimensiones equivalentes y todos los espacios reciben luz y ventilación natural, reforzando una arquitectura basada en la equidad espacial y la funcionalidad precisa.
Los núcleos de servicio se disponen en los extremos del volumen, construyendo una secuencia clara desde lo público hacia lo privado. El recorrido se define sin artificios, donde cada elemento responde a una necesidad concreta y a una lógica espacial comprensible.
La propuesta apuesta por un lenguaje atemporal, contenido y riguroso. La arquitectura se construye desde principios que han trascendido siglos: orden, proporción y medida.
La memoria de las viviendas de San José de los años setenta —lugar donde habitaron los propietarios— y el uso consciente de materiales locales se integran como parte de un entendimiento profundo del contexto y del tiempo.
Más que una búsqueda formal, el proyecto es una reflexión sobre lo esencial. Una arquitectura que no necesita ser explicada, porque se entiende al ser habitada. Una arquitectura donde la forma es consecuencia del uso, y donde la belleza surge de la precisión.
En este sentido, la obra se inscribe en la vigencia de los principios clásicos de Firmitas, Utilitas y Venustas, no como herencia histórica, sino como una ética permanente del hacer arquitectónico: construir con solidez, habitar con sentido y permanecer en el tiempo.
El emplazamiento —un terreno esquinero rodeado de viviendas con tipologías repetidas— se entiende no como una restricción, sino como una oportunidad para construir presencia urbana desde la medida y la claridad. El lindero más extenso se asume como fachada principal, permitiendo que el orden, la escala y el gesto arquitectónico se manifiesten con naturalidad. Se enfatiza principalmente la horizontalidad del volumen se enfatiza mediante una curva continua que define el acceso, configurando un umbral que media entre la calle y la vida interior.
La casa se organiza desde la esencialidad. El espacio central, destinado a la vida común, actúa como el corazón del proyecto: un lugar de encuentro, permanencia y memoria. La distribución prescinde de jerarquías innecesarias; los dormitorios comparten dimensiones equivalentes y todos los espacios reciben luz y ventilación natural, reforzando una arquitectura basada en la equidad espacial y la funcionalidad precisa.
Los núcleos de servicio se disponen en los extremos del volumen, construyendo una secuencia clara desde lo público hacia lo privado. El recorrido se define sin artificios, donde cada elemento responde a una necesidad concreta y a una lógica espacial comprensible.
La propuesta apuesta por un lenguaje atemporal, contenido y riguroso. La arquitectura se construye desde principios que han trascendido siglos: orden, proporción y medida.
La memoria de las viviendas de San José de los años setenta —lugar donde habitaron los propietarios— y el uso consciente de materiales locales se integran como parte de un entendimiento profundo del contexto y del tiempo.
Más que una búsqueda formal, el proyecto es una reflexión sobre lo esencial. Una arquitectura que no necesita ser explicada, porque se entiende al ser habitada. Una arquitectura donde la forma es consecuencia del uso, y donde la belleza surge de la precisión.
En este sentido, la obra se inscribe en la vigencia de los principios clásicos de Firmitas, Utilitas y Venustas, no como herencia histórica, sino como una ética permanente del hacer arquitectónico: construir con solidez, habitar con sentido y permanecer en el tiempo.





