EDIFICIO HUACA
PERÚ
Arq. Moisés Porras Ramírez
PERÚ
Arq. Moisés Porras Ramírez
DISEÑO ARQUITECTÓNICO: Moisés Porras Ramírez
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 2421.51 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Lima, San Borja. Valle del Rímac
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 2421.51 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Lima, San Borja. Valle del Rímac
Durante generaciones, habitar el Perú significo coexistir con las prexistencias físicas e intangibles. Así, los pueblos originarios construyeron pensamientos y lenguajes propios configurando diversos paisajes. Lima, ubicada entre la cordillera y la costa del pacífico dispone una superficie desértica, sin embargo, los ríos Chillón, Rímac y Lurín permitieron que las culturas prehispánicas derivaran sus aguas tejiendo un sistema hidráulico de canales, transformando progresivamente el desierto en prósperos valles agrícolas; articulando y redefiniendo los paisajes que hoy habitamos.
Los procesos de desterritorialización sepultan los canales. El canal de Surco irrigado por el río Rímac atraviesa Lima; y San Borja aprovecha sus aguas. Sin embargo, la especulación inmobiliaria responde con aspereza, desvirtuando el antiguo pensar.
El edificio aparece/desaparece frente a una artería del canal de Surco. Con la principal de intención de mitigar y conciliar las problemáticas y realidades territoriales, urbanas y arquitectónicas se propone una huella y sección que configuran un nuevo perfil. Una doble fachada con retranqueos laterales promueve un mayor perímetro visual hacia el paisaje urbano-cultural-natural del canal. Y un nuevo frente hacia el suroeste sostenido por un patio-jardín concilia ambos lados de la manzana reconociéndonos de manera inter-escalar. El proyecto reinterpreta elementos de la arquitectura prehispánica y tradicional costera produciendo transiciones y umbrales a través de rampas peatonales, escalonamientos y ramadas en los últimos niveles, conectándonos con el cielo y reconociéndonos en el valle.
La lógica estructural y el núcleo central de circulaciones libera los frentes, promoviendo la colectividad, flexibilidad y adaptabilidad. Esta estrategia opera permitiendo diversas configuraciones en el tiempo: expandiéndose o retrayéndose. Su naturaleza cambiante y abierta dialoga entre lo individual y lo colectivo, lo público y lo privado, lo natural y lo construido, lo humano y no humano.
El proyecto finalmente aspira entablar diálogos conscientes, coherentes y cuidados con sus paisajes, la historia y lo intangible, invitando a reflexionar y explorar nuevas maneras contemporáneas de habitar y relacionarnos con el territorio ancestral sobre el que la ciudad ha sido construida.
Los procesos de desterritorialización sepultan los canales. El canal de Surco irrigado por el río Rímac atraviesa Lima; y San Borja aprovecha sus aguas. Sin embargo, la especulación inmobiliaria responde con aspereza, desvirtuando el antiguo pensar.
El edificio aparece/desaparece frente a una artería del canal de Surco. Con la principal de intención de mitigar y conciliar las problemáticas y realidades territoriales, urbanas y arquitectónicas se propone una huella y sección que configuran un nuevo perfil. Una doble fachada con retranqueos laterales promueve un mayor perímetro visual hacia el paisaje urbano-cultural-natural del canal. Y un nuevo frente hacia el suroeste sostenido por un patio-jardín concilia ambos lados de la manzana reconociéndonos de manera inter-escalar. El proyecto reinterpreta elementos de la arquitectura prehispánica y tradicional costera produciendo transiciones y umbrales a través de rampas peatonales, escalonamientos y ramadas en los últimos niveles, conectándonos con el cielo y reconociéndonos en el valle.
La lógica estructural y el núcleo central de circulaciones libera los frentes, promoviendo la colectividad, flexibilidad y adaptabilidad. Esta estrategia opera permitiendo diversas configuraciones en el tiempo: expandiéndose o retrayéndose. Su naturaleza cambiante y abierta dialoga entre lo individual y lo colectivo, lo público y lo privado, lo natural y lo construido, lo humano y no humano.
El proyecto finalmente aspira entablar diálogos conscientes, coherentes y cuidados con sus paisajes, la historia y lo intangible, invitando a reflexionar y explorar nuevas maneras contemporáneas de habitar y relacionarnos con el territorio ancestral sobre el que la ciudad ha sido construida.








