PAISAJES DE AGUA. ENTRE LA CIUDAD Y EL RÍO.
COSTA RICA
Lucia Ferraro Rodríguez
COSTA RICA
Lucia Ferraro Rodríguez
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 74,000 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Contiguo al Museo de los Niños, San José
UBICACIÓN DE PROYECTO: Contiguo al Museo de los Niños, San José
Paisajes de Agua. Entre la ciudad y el río.
Lucía Ferraro
San José se está desbordando.
Situación Actual
El desfogue de las aguas no perdona; causa inundaciones, arrastra la basura de la ciudad, erosiona a lo largo del recorrido, destruye los ecosistemas, y, paulatinamente, causa sequías. Alrededor de 29 millones de metros cúbicos de agua son desechados en la ciudad de San José al año, por medio de una infraestructura desactualizada y subutilizada, que no es capaz de responder ante las expectativas del crecimiento urbano.
Conforme aumenta la huella urbana paralelamente a poblaciones, el agua se va a encontrar cada vez más en una situación de estrés hídrico. El agua está siendo obligada a atender las necesidades de las formas de vida cada vez más “sedientas” de los humanos; y a su vez se le exige ser perdurable en términos ecológicos. Los proyectos de infraestructura urbana, haciendo referencia específica al área hídrica, construidos bajo las nociones de racionalidad y costo-eficiencia, a beneficio del desarrollo económico y agendas políticas, simplifican las complejas relaciones que existen entre los ecosistemas. Estas filosofías o metodologías modernas que regían las decisiones en el diseño de la red hídrica, actual sustento de las ciudades, se reflejan por medio de la canalización de los ríos, la materialización de diques, entubamiento de los acueductos, y como pauta de todos, el drenaje como estrategia de diseño.
Por un lado, la sepultura de la infraestructura hídrica a causa de la densificación de la ciudad y la actual dominancia sobre el paisaje fluvial ha causado que la cultura ―pre-urbana― del agua haya desaparecido. Por otro lado, las lluvias torrentosas, demuestran la presencia de la naturaleza en la ciudad; desde el punto de vista de la precipitación, y desde la perspectiva de la red subterránea que conecta la ciudad con los ríos. En un país que supera el promedio mundial de lluvia anual, el volumen y la irregularidad de las precipitaciones junto con las aguas residuales de la ciudad se desplazan a velocidades de descarga insostenibles a través de la infraestructura existente que desvía las aguas por medio de superficies y redes de desagüe que desabastecen los mantos acuíferos, perjudican la calidad del agua y desechan los excesos en los ríos, dañando la cuenca y sus cauces. Como consecuencia, estas intervenciones han ignorado el patrón del ciclo hidrológico natural, diseñando únicamente para la exteriorización del agua, generando esta serie de problemáticas y minimizado su valor social-cultural. La insensibilidad colectiva, y el propio diseño humano, ha causado el colapso de la infraestructura y los desastres “naturales”, como las inundaciones y sequías.
Continuar analizando el recurso natural como un elemento al que se le da valor, únicamente al momento que satisface el crecimiento de las poblaciones, representa un peligro por su capacidad de producir alienaciones socioambientales a través de las dinámicas de poder y control sobre el agua, como casos de vulnerabilidad social solamente por estar cerca del recurso. Hasta llegar a modificar las experiencias y percepciones cotidianas del agua en el área urbana.
El estado de los ríos se ha convertido en un resultante más del mantenimiento de la ciudad actual. Evidenciando la existente tensión y vinculación forzosa entre el agua y la ciudad; dictada por las redes de desagüe e infraestructura gris de San José. Todo esto sucede en un contexto de cambio climático y contaminación, lo cual acentúa la impredecibilidad del comportamiento del ciclo del agua. Donde la primera manifestación de un cambio climático o desbalance ecosistémico se presencia en la inestabilidad del ciclo hidrológico.
Como consecuencia, existe la necesidad de ralentizar y sanear los efectos urbanos sobre el recurso hídrico, mediante la vinculación con la infraestructura urbana existente, incluyendo parques, puentes o calles, brindando una nueva perspectiva al espacio público, con carácter recreativo y social, y al diseño de ciudades, con sus edificaciones, desde la hidrología.
Propósito
Explorar la capacidad de la ciudad de atender los problemas de evacuación de aguas y su saneamiento de manera local, pausando su cadena de impacto al resto del país. Hay una lucha intangible sobre la explotación máxima de los recursos dentro de las ciudades, que no se observa el desperdicio generado y ni el desperdicio actual de la infraestructura. Revirtiendo el estado de sectores marginalizados a causa de patrones de injusticia ecológica (Pineda, 2023).
Para ello se necesita revertir las filosofías de diseño anticuadas, que generan tensión y conceptos entre el espacio drenado (la ciudad) y el espacio dónde se drena (los ríos). Pensamiento que únicamente responde a la parte de desplazamiento (desfogue) del ciclo hidrológico.
El propósito es devolverle el espacio al agua, la utilidad a la infraestructura y la calidad a las personas.
El agua, es un símbolo de bienestar y salud; donde un material tan efímero ha sido capaz de restringir y se ha utilizado para dictar la distribución de las ciudades. El desprecio de la ciudad por acciones ambientales concretas o la simple ignorancia de un tema globalizado debe ser revertido; no se puede mantener el sistema de contradicción de un recurso cada vez más explotado, excavando y llegando a nuevos límites de inversiones económicas por agotamiento y desesperación a causa de acciones humanas, y por el otro lado, la abundancia que guía al exceso de una red abusada.
La necesidad de abordar esta problemática es de relevancia para todas las familias quiénes anualmente se ven afectadas, económica o físicamente, por el manejo del recurso hídrico dentro de la ciudad. Indirectamente, también se ven involucradas las regiones externas que reciben los desechos del área urbana; al igual que los ecosistemas y cualquier especie que dependa de algún factor de ellas.
Es necesario imaginar cómo diseñar infraestructuras urbanas, espacio público y programas híbridos, desde la perspectiva de la hidrología. No comprendiendo el agua como un recurso estático e insaciable; por el contrario, se plantea extender la programación y las fronteras construidas, para diseñar nuevos patrones que modifiquen la manera de diseñar dentro de las ciudades, donde tanto los ecosistemas se vean involucrados en las decisiones urbanas como se incremente la calidad de vida de las personas mediante nuevos usos y se construyan relaciones de desarrollo alrededor del recurso. Todo dentro de un marco de educación y sensibilización hacia el entorno natural, incorporando el ciclo hidrológico para generar nuevas redes y replantear la infraestructura o bases de la ciudad.
Selección de Sitio
La demanda del agua ha incrementado conforme crece la población y la ciudad, con ello la fragilidad del sistema del recurso hídrico se ha visto expuesta, generando problemas sociales, económicos y ecológicos. Esto se evidencia en que cada año se reportan cada vez más casos de tanto sequía como inundaciones, en el cantón de San José.
En las ciudades es donde se revierten los porcentajes de consumo de agua, en comparación las áreas rurales donde predomina el uso industrial; el humano se vuelve el principal responsable de lo que sucede con el recurso, y es en las áreas urbanas donde el agua y sus ecosistemas se ven más afectado. La Cuenca del Río Tárcoles lo demuestra, es la más contaminada de las 34 cuencas hidrológicas del país, donde solo el 4% del agua era tratada, hasta la realización de la planta de tratamiento del Tajo, la cual se ha vuelto en una solución insostenible económicamente.
Bajo este criterio, se realiza una serie de mapeos desde la escala de la Cuenca del Río Tárcoles, hasta la escala urbana en San José, donde varios factores estudiados se pueden ver evidenciados. Se analiza una serie de patrones con respecto a todas las capas que conforman el ciclo hidrológico, desde la profundidad de los acuíferos como una posible oportunidad de recarga, hasta el estado de contaminación de los ríos y la vulnerabilidad de inundación por una serie de quebradas que fueron enterradas históricamente en San José. La saturación y acumulación por la presencia de estos fenómenos delimita el área de estudio.
El sitio específico para el proyecto se encuentra al costado oeste del Museo de los Niños, colindante con el río Torres, por lo cual se propone apoyarse programáticamente en el impacto cultural que tiene la Antigua Penitenciaria y el interés social que posee. Por lo cual, desde el inicio se reconoce el sitio también como agente en la formulación del programa, inclusive antes de ser detallado. Se formula, el carácter simbólico expuesto por Castro (2020), del carácter educativo y la experiencia sensorial que proporciona el espacio público y la influencia que esto puede tener para modificar la percepción hacia una temática, en este caso, el agua. Debido a la domesticidad del agua que ha conllevado este tipo de diseño urbano, se han estrechado las habilidades sensoriales naturales humanas, mutando a lo largo de los años para favorecer ciertos sentidos sobre otros; las redes permanentemente ocultas, demuestran repentinamente la ineficiencia del sistema y el daño de relaciones ecológicas; son estos cambios de estado súbitos en donde se muestra el agua a las poblaciones y se genera una sensación alarmante, la cual es olvidada conforme el agua se vuelve imperceptible. La invisibilidad del recurso, como hecho sensorial, es un cuestionamiento adicional sobre los valores que se practican en el entorno, y la condición del agua, es el reflejo de la educación o conciencia colectiva. Al mismo tiempo, se oculta esta problemática social, presente en la vida de las personas. “La conclusión no puede ser más contundente: si el agua no se ve, desaparece de nuestro entorno cotidiano. Esta paradoja pone en evidencia la incapacidad del diseño moderno de la ciudad para incorporar el ciclo hídrico...” (Castro & Perló, 2022).
Por lo cual se plantea que se complemente el programa de la infraestructura hídrica con monumentos, galerías y zonas de exhibición, pertenecientes al Museo y al proyecto de saneamiento del río, para extender el uso del área verde y carácter educativo del proyecto. Adicionalmente, esto permite involucrar a usuarios externos del sitio, que vienen a visitar la zona, en un principio solo por el Museo, con los habitantes cercanos, ampliando las posibilidades de uso y circulación en la ciudad de ambos grupos.
Programa
Como respuesta al sitio todo al estudio previo realizado, se propone un sistema que sanee las aguas de la ciudad antes de que estas lleguen al Río Torres. El proyecto propone recolectar aguas del sistema de alcantarillado de la ciudad, e introducir una serie de pasos adicionales que saneen el agua que se deposita en el río; en casos de lluvia extrema, se desacelere el caudal y la cantidad de agua que es desechada en el río y finalmente, cierta pueda ser reutilizada dentro del mismo sitio para otros propósitos. De esta manera se intenta prolongar la posibilidad de recuperación del río en cuanto a calidad y cantidad de tiempo, mientras se reducen los efectos de erosión y daños en la estabilidad de los ecosistemas relacionados. También se plantea recolectar la mayor cantidad de lluvia a través del sitio para ser utilizada bajo los principios previos.
Debido al estado de contaminación se reconoce la necesidad de introducir en el programa arquitectónico un sistema mecanizado que reduzca la cantidad de aglomerados y contaminación en el agua proveniente del sistema de alcantarillado de la ciudad. Para ello, se diseña en sitio una planta de pretratamiento de agua, que trate este ingreso de la ciudad, la cual se compone de un separador de aceite y escombros, un tanque de atenuación, tanques de floculación balaustrada e desinfección ultravioleta. A lo largo de todo ese proceso, se remueven sólidos y partículas a través de distintos procesos físicos para reducir la cantidad y posibilidad de reproducción de organismos y bacterias.
Luego, el agua de lluvia es colectada, tratada y ralentizada a lo largo del sitio por medio de estanques. Estos estanques también pueden ser utilizados como un segundo paso después de la planta de pretratamiento de las aguas de alcantarillado por medio de distintos métodos de mecanización y alimentarlos en época seca. Los estanques son de flujo vertical, flujo horizontal o flujo libre, y su diferencia radica en la dirección o fuerza que mueve el agua, al igual que distintos tipos de tratar el agua con plantas ya sea sobre camas de grava o bajo camas densas de vegetación.
Estas aguas, una vez tratadas, son liberadas en el río de una manera más controlada, o pueden ser reutilizadas de distintas maneras. Por ejemplo, se diseña un tanque de almacenamiento que puede ser utilizado para riego, uso público por medio de planes organizados con la comunidad, o en caso de emergencias, como incendios, también es un recurso accesible. También, se redirige cierta cantidad de agua a piscinas de fitorremediación, por medio de sistemas de bombeo, en donde filtros de grava y vegetación son incorporados a lo largo de la infraestructura para el uso de distintos usuarios que puedan tener fines recreativos y educativos.
El proyecto funciona como un sistema, que brinda oportunidad de mejorar el ecosistema hídrico, y a su vez se adiciona programa de carácter público, como mencionado anteriormente, y programa peatonal. La misma infraestructura brindó esta posibilidad de agregar este segundo nivel, y se concretizó en un puente peatonal, que conecta distintos espacios de exhibición del propio Museo, con el fin de generar la visualización y educación del recurso hídrico a lo largo de todas sus fases de saneamiento. En este recorrido, se puede interactuar de distintas maneras con el Río Torres, y con el agua de la ciudad o de lluvia, por medio de los estanques o piscinas. Mientras se conectan dos ejes principales de al norte y sur del Río y de San José Centro con el Barrio Tournón.
La experiencia del sitio se transforma en un reflejo de la morfología del río, y demuestra el optimismo que se debe tener al diseñar sistemas circulares.
Conclusión
“Después de todo, mientras que el ciclo hidrológico es una singularidad, dónde encaja la humanidad en ese ciclo es una cuestión de vida o muerte.” Keller, E. & Leilani, K. (2018).
Existe un potencial a partir de la interacción que se puede promover entre el agua y el desarrollo de la infraestructura urbana como articulador de sistemas, entre ellos nuevas relaciones sociales e intereses culturales. Ya que de seguir el patrón de crecimiento poblacional y de huella urbana, junto con las mismas propuestas a los mismos problemas (haciendo referencia al diseño de la ciudad y de la infraestructura) el agua y los ríos se encuentran en peligro de ser enterrados. Como humanos, debemos estar seguros de que podemos vivir con nuestras propias creaciones.
Lucía Ferraro
San José se está desbordando.
Situación Actual
El desfogue de las aguas no perdona; causa inundaciones, arrastra la basura de la ciudad, erosiona a lo largo del recorrido, destruye los ecosistemas, y, paulatinamente, causa sequías. Alrededor de 29 millones de metros cúbicos de agua son desechados en la ciudad de San José al año, por medio de una infraestructura desactualizada y subutilizada, que no es capaz de responder ante las expectativas del crecimiento urbano.
Conforme aumenta la huella urbana paralelamente a poblaciones, el agua se va a encontrar cada vez más en una situación de estrés hídrico. El agua está siendo obligada a atender las necesidades de las formas de vida cada vez más “sedientas” de los humanos; y a su vez se le exige ser perdurable en términos ecológicos. Los proyectos de infraestructura urbana, haciendo referencia específica al área hídrica, construidos bajo las nociones de racionalidad y costo-eficiencia, a beneficio del desarrollo económico y agendas políticas, simplifican las complejas relaciones que existen entre los ecosistemas. Estas filosofías o metodologías modernas que regían las decisiones en el diseño de la red hídrica, actual sustento de las ciudades, se reflejan por medio de la canalización de los ríos, la materialización de diques, entubamiento de los acueductos, y como pauta de todos, el drenaje como estrategia de diseño.
Por un lado, la sepultura de la infraestructura hídrica a causa de la densificación de la ciudad y la actual dominancia sobre el paisaje fluvial ha causado que la cultura ―pre-urbana― del agua haya desaparecido. Por otro lado, las lluvias torrentosas, demuestran la presencia de la naturaleza en la ciudad; desde el punto de vista de la precipitación, y desde la perspectiva de la red subterránea que conecta la ciudad con los ríos. En un país que supera el promedio mundial de lluvia anual, el volumen y la irregularidad de las precipitaciones junto con las aguas residuales de la ciudad se desplazan a velocidades de descarga insostenibles a través de la infraestructura existente que desvía las aguas por medio de superficies y redes de desagüe que desabastecen los mantos acuíferos, perjudican la calidad del agua y desechan los excesos en los ríos, dañando la cuenca y sus cauces. Como consecuencia, estas intervenciones han ignorado el patrón del ciclo hidrológico natural, diseñando únicamente para la exteriorización del agua, generando esta serie de problemáticas y minimizado su valor social-cultural. La insensibilidad colectiva, y el propio diseño humano, ha causado el colapso de la infraestructura y los desastres “naturales”, como las inundaciones y sequías.
Continuar analizando el recurso natural como un elemento al que se le da valor, únicamente al momento que satisface el crecimiento de las poblaciones, representa un peligro por su capacidad de producir alienaciones socioambientales a través de las dinámicas de poder y control sobre el agua, como casos de vulnerabilidad social solamente por estar cerca del recurso. Hasta llegar a modificar las experiencias y percepciones cotidianas del agua en el área urbana.
El estado de los ríos se ha convertido en un resultante más del mantenimiento de la ciudad actual. Evidenciando la existente tensión y vinculación forzosa entre el agua y la ciudad; dictada por las redes de desagüe e infraestructura gris de San José. Todo esto sucede en un contexto de cambio climático y contaminación, lo cual acentúa la impredecibilidad del comportamiento del ciclo del agua. Donde la primera manifestación de un cambio climático o desbalance ecosistémico se presencia en la inestabilidad del ciclo hidrológico.
Como consecuencia, existe la necesidad de ralentizar y sanear los efectos urbanos sobre el recurso hídrico, mediante la vinculación con la infraestructura urbana existente, incluyendo parques, puentes o calles, brindando una nueva perspectiva al espacio público, con carácter recreativo y social, y al diseño de ciudades, con sus edificaciones, desde la hidrología.
Propósito
Explorar la capacidad de la ciudad de atender los problemas de evacuación de aguas y su saneamiento de manera local, pausando su cadena de impacto al resto del país. Hay una lucha intangible sobre la explotación máxima de los recursos dentro de las ciudades, que no se observa el desperdicio generado y ni el desperdicio actual de la infraestructura. Revirtiendo el estado de sectores marginalizados a causa de patrones de injusticia ecológica (Pineda, 2023).
Para ello se necesita revertir las filosofías de diseño anticuadas, que generan tensión y conceptos entre el espacio drenado (la ciudad) y el espacio dónde se drena (los ríos). Pensamiento que únicamente responde a la parte de desplazamiento (desfogue) del ciclo hidrológico.
El propósito es devolverle el espacio al agua, la utilidad a la infraestructura y la calidad a las personas.
El agua, es un símbolo de bienestar y salud; donde un material tan efímero ha sido capaz de restringir y se ha utilizado para dictar la distribución de las ciudades. El desprecio de la ciudad por acciones ambientales concretas o la simple ignorancia de un tema globalizado debe ser revertido; no se puede mantener el sistema de contradicción de un recurso cada vez más explotado, excavando y llegando a nuevos límites de inversiones económicas por agotamiento y desesperación a causa de acciones humanas, y por el otro lado, la abundancia que guía al exceso de una red abusada.
La necesidad de abordar esta problemática es de relevancia para todas las familias quiénes anualmente se ven afectadas, económica o físicamente, por el manejo del recurso hídrico dentro de la ciudad. Indirectamente, también se ven involucradas las regiones externas que reciben los desechos del área urbana; al igual que los ecosistemas y cualquier especie que dependa de algún factor de ellas.
Es necesario imaginar cómo diseñar infraestructuras urbanas, espacio público y programas híbridos, desde la perspectiva de la hidrología. No comprendiendo el agua como un recurso estático e insaciable; por el contrario, se plantea extender la programación y las fronteras construidas, para diseñar nuevos patrones que modifiquen la manera de diseñar dentro de las ciudades, donde tanto los ecosistemas se vean involucrados en las decisiones urbanas como se incremente la calidad de vida de las personas mediante nuevos usos y se construyan relaciones de desarrollo alrededor del recurso. Todo dentro de un marco de educación y sensibilización hacia el entorno natural, incorporando el ciclo hidrológico para generar nuevas redes y replantear la infraestructura o bases de la ciudad.
Selección de Sitio
La demanda del agua ha incrementado conforme crece la población y la ciudad, con ello la fragilidad del sistema del recurso hídrico se ha visto expuesta, generando problemas sociales, económicos y ecológicos. Esto se evidencia en que cada año se reportan cada vez más casos de tanto sequía como inundaciones, en el cantón de San José.
En las ciudades es donde se revierten los porcentajes de consumo de agua, en comparación las áreas rurales donde predomina el uso industrial; el humano se vuelve el principal responsable de lo que sucede con el recurso, y es en las áreas urbanas donde el agua y sus ecosistemas se ven más afectado. La Cuenca del Río Tárcoles lo demuestra, es la más contaminada de las 34 cuencas hidrológicas del país, donde solo el 4% del agua era tratada, hasta la realización de la planta de tratamiento del Tajo, la cual se ha vuelto en una solución insostenible económicamente.
Bajo este criterio, se realiza una serie de mapeos desde la escala de la Cuenca del Río Tárcoles, hasta la escala urbana en San José, donde varios factores estudiados se pueden ver evidenciados. Se analiza una serie de patrones con respecto a todas las capas que conforman el ciclo hidrológico, desde la profundidad de los acuíferos como una posible oportunidad de recarga, hasta el estado de contaminación de los ríos y la vulnerabilidad de inundación por una serie de quebradas que fueron enterradas históricamente en San José. La saturación y acumulación por la presencia de estos fenómenos delimita el área de estudio.
El sitio específico para el proyecto se encuentra al costado oeste del Museo de los Niños, colindante con el río Torres, por lo cual se propone apoyarse programáticamente en el impacto cultural que tiene la Antigua Penitenciaria y el interés social que posee. Por lo cual, desde el inicio se reconoce el sitio también como agente en la formulación del programa, inclusive antes de ser detallado. Se formula, el carácter simbólico expuesto por Castro (2020), del carácter educativo y la experiencia sensorial que proporciona el espacio público y la influencia que esto puede tener para modificar la percepción hacia una temática, en este caso, el agua. Debido a la domesticidad del agua que ha conllevado este tipo de diseño urbano, se han estrechado las habilidades sensoriales naturales humanas, mutando a lo largo de los años para favorecer ciertos sentidos sobre otros; las redes permanentemente ocultas, demuestran repentinamente la ineficiencia del sistema y el daño de relaciones ecológicas; son estos cambios de estado súbitos en donde se muestra el agua a las poblaciones y se genera una sensación alarmante, la cual es olvidada conforme el agua se vuelve imperceptible. La invisibilidad del recurso, como hecho sensorial, es un cuestionamiento adicional sobre los valores que se practican en el entorno, y la condición del agua, es el reflejo de la educación o conciencia colectiva. Al mismo tiempo, se oculta esta problemática social, presente en la vida de las personas. “La conclusión no puede ser más contundente: si el agua no se ve, desaparece de nuestro entorno cotidiano. Esta paradoja pone en evidencia la incapacidad del diseño moderno de la ciudad para incorporar el ciclo hídrico...” (Castro & Perló, 2022).
Por lo cual se plantea que se complemente el programa de la infraestructura hídrica con monumentos, galerías y zonas de exhibición, pertenecientes al Museo y al proyecto de saneamiento del río, para extender el uso del área verde y carácter educativo del proyecto. Adicionalmente, esto permite involucrar a usuarios externos del sitio, que vienen a visitar la zona, en un principio solo por el Museo, con los habitantes cercanos, ampliando las posibilidades de uso y circulación en la ciudad de ambos grupos.
Programa
Como respuesta al sitio todo al estudio previo realizado, se propone un sistema que sanee las aguas de la ciudad antes de que estas lleguen al Río Torres. El proyecto propone recolectar aguas del sistema de alcantarillado de la ciudad, e introducir una serie de pasos adicionales que saneen el agua que se deposita en el río; en casos de lluvia extrema, se desacelere el caudal y la cantidad de agua que es desechada en el río y finalmente, cierta pueda ser reutilizada dentro del mismo sitio para otros propósitos. De esta manera se intenta prolongar la posibilidad de recuperación del río en cuanto a calidad y cantidad de tiempo, mientras se reducen los efectos de erosión y daños en la estabilidad de los ecosistemas relacionados. También se plantea recolectar la mayor cantidad de lluvia a través del sitio para ser utilizada bajo los principios previos.
Debido al estado de contaminación se reconoce la necesidad de introducir en el programa arquitectónico un sistema mecanizado que reduzca la cantidad de aglomerados y contaminación en el agua proveniente del sistema de alcantarillado de la ciudad. Para ello, se diseña en sitio una planta de pretratamiento de agua, que trate este ingreso de la ciudad, la cual se compone de un separador de aceite y escombros, un tanque de atenuación, tanques de floculación balaustrada e desinfección ultravioleta. A lo largo de todo ese proceso, se remueven sólidos y partículas a través de distintos procesos físicos para reducir la cantidad y posibilidad de reproducción de organismos y bacterias.
Luego, el agua de lluvia es colectada, tratada y ralentizada a lo largo del sitio por medio de estanques. Estos estanques también pueden ser utilizados como un segundo paso después de la planta de pretratamiento de las aguas de alcantarillado por medio de distintos métodos de mecanización y alimentarlos en época seca. Los estanques son de flujo vertical, flujo horizontal o flujo libre, y su diferencia radica en la dirección o fuerza que mueve el agua, al igual que distintos tipos de tratar el agua con plantas ya sea sobre camas de grava o bajo camas densas de vegetación.
Estas aguas, una vez tratadas, son liberadas en el río de una manera más controlada, o pueden ser reutilizadas de distintas maneras. Por ejemplo, se diseña un tanque de almacenamiento que puede ser utilizado para riego, uso público por medio de planes organizados con la comunidad, o en caso de emergencias, como incendios, también es un recurso accesible. También, se redirige cierta cantidad de agua a piscinas de fitorremediación, por medio de sistemas de bombeo, en donde filtros de grava y vegetación son incorporados a lo largo de la infraestructura para el uso de distintos usuarios que puedan tener fines recreativos y educativos.
El proyecto funciona como un sistema, que brinda oportunidad de mejorar el ecosistema hídrico, y a su vez se adiciona programa de carácter público, como mencionado anteriormente, y programa peatonal. La misma infraestructura brindó esta posibilidad de agregar este segundo nivel, y se concretizó en un puente peatonal, que conecta distintos espacios de exhibición del propio Museo, con el fin de generar la visualización y educación del recurso hídrico a lo largo de todas sus fases de saneamiento. En este recorrido, se puede interactuar de distintas maneras con el Río Torres, y con el agua de la ciudad o de lluvia, por medio de los estanques o piscinas. Mientras se conectan dos ejes principales de al norte y sur del Río y de San José Centro con el Barrio Tournón.
La experiencia del sitio se transforma en un reflejo de la morfología del río, y demuestra el optimismo que se debe tener al diseñar sistemas circulares.
Conclusión
“Después de todo, mientras que el ciclo hidrológico es una singularidad, dónde encaja la humanidad en ese ciclo es una cuestión de vida o muerte.” Keller, E. & Leilani, K. (2018).
Existe un potencial a partir de la interacción que se puede promover entre el agua y el desarrollo de la infraestructura urbana como articulador de sistemas, entre ellos nuevas relaciones sociales e intereses culturales. Ya que de seguir el patrón de crecimiento poblacional y de huella urbana, junto con las mismas propuestas a los mismos problemas (haciendo referencia al diseño de la ciudad y de la infraestructura) el agua y los ríos se encuentran en peligro de ser enterrados. Como humanos, debemos estar seguros de que podemos vivir con nuestras propias creaciones.








