PLAN RENOVACIÓN URBANA: PLAZA SAN PABLO
COSTA RICA
Alejandro Gamboa Fallas
COSTA RICA
Alejandro Gamboa Fallas
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 6535.67 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: San Pablo - Heredia
UBICACIÓN DE PROYECTO: San Pablo - Heredia
El proyecto Plaza San Pablo se concibe como un centro urbano estructurante, entendido como un nodo capaz de articular la vida económica, social y simbólica del distrito. La intervención responde a un crecimiento urbano absorbido por una planificación fragmentada en el cantón de San Pablo de Heredia, proponiendo una centro que involucre actividades, ordene flujos y fortalezca la orientación espacial y la identidad colectiva, consolidándose como un punto de referencia urbano para la población.
La plaza se plantea como un espacio donde se intensifican las dinámicas económicas y sociales mediante una mezcla programática integrada, evitando la segregación de usos y fomentando la vitalidad urbana a lo largo del día. Comercio, recreación, permanencia y encuentro se articulan como partes de un sistema urbano complejo, entendiendo que la ciudad se construye desde la interacción constante entre funciones diversas en constante evolución.
La propuesta se inspira en los principios del Metabolismo Japonés, corriente que concibe la ciudad como un organismo vivo, adaptable y en constante transformación. Desde esta visión, la Plaza San Pablo no se proyecta como un objeto estático, sino como una infraestructura urbana atemporal y flexible, capaz de responder a las necesidades y prioridades cambiantes de la población sin perder coherencia formal ni funcional.
El diseño urbano se fundamenta en criterios de urbanismo accesible y centrado en el peatón, priorizando la caminabilidad, la permanencia y la interacción social. Se incorporan espacios recreativos como canchas multiuso, parque de skate, parque infantil y un foro de anfiteatro cívico, concebidos como polos de atracción que activan la plaza y promueven la apropiación intergeneracional del espacio público. La cercanía del Liceo Mario Vindas y la Escuela José Ezequiel refuerza la vocación educativa, cultural y comunitaria del proyecto.
Los patrones de suelo retoman la geometría de la iglesia existente, estableciendo una relación simbólica mediante una tensión de campo que organiza recorridos, jerarquías y áreas de estancia, introduciendo movimiento y dirección como elementos generadores del espacio urbano.
Finalmente, el proyecto integra principios de neurourbanismo, incorporando colores pastel como azul, rosa, lavanda y verde, asociados a sensaciones de calma y bienestar psicológico, junto con vegetación endémica sensorial, aromas naturales y biodiversidad urbana que contribuyen a la reducción del estrés.
La propuesta asume una escala monumental y atrevida, no como gesto formal, sino como una estrategia de centralidad e identidad. Así, la Plaza San Pablo se consolida como un centro urbano vivo, inclusivo y resiliente, donde arquitectura, paisaje y escala se integran para crear un entorno coherente, significativo y habitable en el tiempo.
La plaza se plantea como un espacio donde se intensifican las dinámicas económicas y sociales mediante una mezcla programática integrada, evitando la segregación de usos y fomentando la vitalidad urbana a lo largo del día. Comercio, recreación, permanencia y encuentro se articulan como partes de un sistema urbano complejo, entendiendo que la ciudad se construye desde la interacción constante entre funciones diversas en constante evolución.
La propuesta se inspira en los principios del Metabolismo Japonés, corriente que concibe la ciudad como un organismo vivo, adaptable y en constante transformación. Desde esta visión, la Plaza San Pablo no se proyecta como un objeto estático, sino como una infraestructura urbana atemporal y flexible, capaz de responder a las necesidades y prioridades cambiantes de la población sin perder coherencia formal ni funcional.
El diseño urbano se fundamenta en criterios de urbanismo accesible y centrado en el peatón, priorizando la caminabilidad, la permanencia y la interacción social. Se incorporan espacios recreativos como canchas multiuso, parque de skate, parque infantil y un foro de anfiteatro cívico, concebidos como polos de atracción que activan la plaza y promueven la apropiación intergeneracional del espacio público. La cercanía del Liceo Mario Vindas y la Escuela José Ezequiel refuerza la vocación educativa, cultural y comunitaria del proyecto.
Los patrones de suelo retoman la geometría de la iglesia existente, estableciendo una relación simbólica mediante una tensión de campo que organiza recorridos, jerarquías y áreas de estancia, introduciendo movimiento y dirección como elementos generadores del espacio urbano.
Finalmente, el proyecto integra principios de neurourbanismo, incorporando colores pastel como azul, rosa, lavanda y verde, asociados a sensaciones de calma y bienestar psicológico, junto con vegetación endémica sensorial, aromas naturales y biodiversidad urbana que contribuyen a la reducción del estrés.
La propuesta asume una escala monumental y atrevida, no como gesto formal, sino como una estrategia de centralidad e identidad. Así, la Plaza San Pablo se consolida como un centro urbano vivo, inclusivo y resiliente, donde arquitectura, paisaje y escala se integran para crear un entorno coherente, significativo y habitable en el tiempo.








