OHANA
COSTA RICA
Arq. Juan Pablo Moya Álvarez / Arq. Walter Anibal Campos Guerrero
COSTA RICA
Arq. Juan Pablo Moya Álvarez / Arq. Walter Anibal Campos Guerrero
DISEÑO ARQUITECTÓNICO: Arq. Juan Pablo Moya Álvarez / Arq. Walter Anibal Campos Guerrero
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 500 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: SANTA ANA - SAN JOSÉ
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 500 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: SANTA ANA - SAN JOSÉ
Una operación esencial: liberar el suelo y permitir que el espacio, la luz y la vida familiar se organicen alrededor de un núcleo predominante. La arquitectura se implanta mediante un basamento permeable que extiende el jardín y la vida social hacia el exterior, sobre el cual se eleva un volumen contenido que resguarda los espacios privados. Esta disposición no responde a un gesto formal, sino a una lógica espacial que separa lo público de lo íntimo sin fragmentar la experiencia doméstica y conectando con el atardecer y el amanecer.
La zona social se estructura desde este centro libre y se proyecta hacia el fondo del lote, configurando un espacio amplio, continuo de altura y media, que además se vincula con un jardín interno jerárquico. La profundidad, la sombra y la altura trabajan como herramientas arquitectónicas para regular el clima y el ritmo cotidiano. Interior y exterior se vinculan de manera controlada, permitiendo que el paisaje se incorpore como fondo constante sin imponerse sobre el espacio habitado.
En el nivel superior, la vivienda se organiza en dos bloques de dormitorios, uno orientado al frente y otro hacia el paisaje posterior, articulados por una pasarela. Esta configuración establece una transición gradual entre los ámbitos comunes y los espacios de descanso, reforzando una domesticidad más introspectiva, serena y elegante. La doble altura central prolonga esta relación vertical y conduce hacia una terraza posterior que enmarca las vistas a los cerros de Escazú.
La materialidad acompaña y refuerza estas decisiones espaciales. El concreto aparente aporta peso, permanencia y precisión con varios voladizos importantes; la madera introduce calidez, continuidad y una escala cercana al cuerpo. La arquitectura se expresa a través de superficies honestas, luz filtrada y una vegetación integrada que no decora, sino que habita el proyecto. Desde esta contención formal y material, el espacio se concibe como una arquitectura silenciosa y esencial, entendida como soporte sensible para la familia y su paso en el tiempo.
La zona social se estructura desde este centro libre y se proyecta hacia el fondo del lote, configurando un espacio amplio, continuo de altura y media, que además se vincula con un jardín interno jerárquico. La profundidad, la sombra y la altura trabajan como herramientas arquitectónicas para regular el clima y el ritmo cotidiano. Interior y exterior se vinculan de manera controlada, permitiendo que el paisaje se incorpore como fondo constante sin imponerse sobre el espacio habitado.
En el nivel superior, la vivienda se organiza en dos bloques de dormitorios, uno orientado al frente y otro hacia el paisaje posterior, articulados por una pasarela. Esta configuración establece una transición gradual entre los ámbitos comunes y los espacios de descanso, reforzando una domesticidad más introspectiva, serena y elegante. La doble altura central prolonga esta relación vertical y conduce hacia una terraza posterior que enmarca las vistas a los cerros de Escazú.
La materialidad acompaña y refuerza estas decisiones espaciales. El concreto aparente aporta peso, permanencia y precisión con varios voladizos importantes; la madera introduce calidez, continuidad y una escala cercana al cuerpo. La arquitectura se expresa a través de superficies honestas, luz filtrada y una vegetación integrada que no decora, sino que habita el proyecto. Desde esta contención formal y material, el espacio se concibe como una arquitectura silenciosa y esencial, entendida como soporte sensible para la familia y su paso en el tiempo.








