LÚMINA - CENTRO DE ACTIVACIÓN COMUNITARIA
COSTA RICA
Diana Rodríguez Marín
COSTA RICA
Diana Rodríguez Marín
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 2, 596,06 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Plaza Víquez - San José
UBICACIÓN DE PROYECTO: Plaza Víquez - San José
Este proyecto nace de una pregunta muy simple: ¿qué es realmente necesario hoy en la ciudad?
El centro de San José ha cambiado mucho, es un lugar con historia, con movimiento constante, con personas que lo atraviesan todos los días, pero también es un centro que ha perdido espacios de permanencia, donde muchas veces solo se pasa y no se habita. Dentro de esa realidad se encuentra la Plaza González Víquez, un espacio que ya tiene vida, pero que aún puede ser más.
La plaza funciona, las canchas se usan, la piscina convoca, el skate park tiene un poco de identidad. Sin embargo, el espacio está fragmentado, hay zonas que no conectan entre sí, recorridos que no invitan a quedarse y vacíos que no terminan de tener sentido. La energía está, pero no se articula ni se distribuye como un sistema continuo.
A partir de esa lectura del lugar surge la propuesta: no imponer algo nuevo, sino conectar lo que ya existe. El Centro de Activación Comunitaria se plantea como un elemento que une, organiza y amplifica la vida que ya ocurre ahí. Se vincula a un parque lineal que cose el terreno, ordena los flujos peatonales y convierte el sitio en un recorrido claro, accesible y habitable, fortaleciendo la movilidad activa y el sentido de pertenencia.
El proyecto también se apoya en la visión de regeneración urbana del Plan 4D, planteado por la Municipalidad de San José con el objetivo de repoblar, densificar y reactivar el centro mediante vivienda, movilidad sostenible y recuperación del espacio público. En ese marco, la intervención entiende la plaza no como un punto aislado, sino como parte de una red urbana mayor que busca devolverle vida al corazón de la ciudad.
El concepto se inspira en un momento importante: cuando en 1884 San José fue iluminada por primera vez. La llegada de la electricidad transformó la forma de vivir el espacio público; la noche dejó de ser límite y se volvió oportunidad. Desde ahí nace la idea que acompaña todo el proyecto: la luz de San José, lo esencial que permanece, entendida como energía social que activa, reúne y prolonga el encuentro.
Por eso el edificio se eleva y libera el suelo. Lo más importante no es el volumen, sino el espacio que deja debajo: sombra, encuentro y permanencia. La estructura combina cerchas y marcos de acero con núcleos rígidos de concreto que garantizan estabilidad y permiten grandes luces sin saturar el terreno. La materialidad acero, concreto expuesto y paneles ligeros con protección solar, busca honestidad constructiva, ligereza visual y una respuesta adecuada al clima. La ventilación cruzada, los voladizos y el aprovechamiento de la luz natural forman parte esencial de su funcionamiento.
No se busca hacer un objeto protagonista, sino crear infraestructura para la comunidad. Espacios donde niños, jóvenes, adultos y personas mayores puedan coincidir, aprender y permanecer. Lugares que funcionen de día y que mantengan vida cuando cae la noche.
El proyecto reconoce tanto lo valioso como lo vulnerable del sitio, potencia su identidad deportiva y comunitaria, y corrige su dispersión espacial. En lugar de complejidad innecesaria, propone claridad, en lugar de exceso formal, propone intención. Porque al final, la arquitectura más fuerte no es la que más se ve, sino la que más sentido tiene para quienes la habitan.
El centro de San José ha cambiado mucho, es un lugar con historia, con movimiento constante, con personas que lo atraviesan todos los días, pero también es un centro que ha perdido espacios de permanencia, donde muchas veces solo se pasa y no se habita. Dentro de esa realidad se encuentra la Plaza González Víquez, un espacio que ya tiene vida, pero que aún puede ser más.
La plaza funciona, las canchas se usan, la piscina convoca, el skate park tiene un poco de identidad. Sin embargo, el espacio está fragmentado, hay zonas que no conectan entre sí, recorridos que no invitan a quedarse y vacíos que no terminan de tener sentido. La energía está, pero no se articula ni se distribuye como un sistema continuo.
A partir de esa lectura del lugar surge la propuesta: no imponer algo nuevo, sino conectar lo que ya existe. El Centro de Activación Comunitaria se plantea como un elemento que une, organiza y amplifica la vida que ya ocurre ahí. Se vincula a un parque lineal que cose el terreno, ordena los flujos peatonales y convierte el sitio en un recorrido claro, accesible y habitable, fortaleciendo la movilidad activa y el sentido de pertenencia.
El proyecto también se apoya en la visión de regeneración urbana del Plan 4D, planteado por la Municipalidad de San José con el objetivo de repoblar, densificar y reactivar el centro mediante vivienda, movilidad sostenible y recuperación del espacio público. En ese marco, la intervención entiende la plaza no como un punto aislado, sino como parte de una red urbana mayor que busca devolverle vida al corazón de la ciudad.
El concepto se inspira en un momento importante: cuando en 1884 San José fue iluminada por primera vez. La llegada de la electricidad transformó la forma de vivir el espacio público; la noche dejó de ser límite y se volvió oportunidad. Desde ahí nace la idea que acompaña todo el proyecto: la luz de San José, lo esencial que permanece, entendida como energía social que activa, reúne y prolonga el encuentro.
Por eso el edificio se eleva y libera el suelo. Lo más importante no es el volumen, sino el espacio que deja debajo: sombra, encuentro y permanencia. La estructura combina cerchas y marcos de acero con núcleos rígidos de concreto que garantizan estabilidad y permiten grandes luces sin saturar el terreno. La materialidad acero, concreto expuesto y paneles ligeros con protección solar, busca honestidad constructiva, ligereza visual y una respuesta adecuada al clima. La ventilación cruzada, los voladizos y el aprovechamiento de la luz natural forman parte esencial de su funcionamiento.
No se busca hacer un objeto protagonista, sino crear infraestructura para la comunidad. Espacios donde niños, jóvenes, adultos y personas mayores puedan coincidir, aprender y permanecer. Lugares que funcionen de día y que mantengan vida cuando cae la noche.
El proyecto reconoce tanto lo valioso como lo vulnerable del sitio, potencia su identidad deportiva y comunitaria, y corrige su dispersión espacial. En lugar de complejidad innecesaria, propone claridad, en lugar de exceso formal, propone intención. Porque al final, la arquitectura más fuerte no es la que más se ve, sino la que más sentido tiene para quienes la habitan.








