CAMPOSANTO MAPFRE
PERÚ
Arq. Josep Cargol y Arq. Carmen Rivas
PERÚ
Arq. Josep Cargol y Arq. Carmen Rivas
DISEÑO ARQUITECTÓNICO: Territorial
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 1600 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Chiclayo - Monsefú
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 1600 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Chiclayo - Monsefú
El Cementerio Mapfre Chiclayo está ubicado en la provincia de Monsefú, Lambayeque, sobre un territorio antes ocupado por cultivos de arroz en un terreno plano y ligeramente accidentado, perteneciente a la cuenca del río Chancay. A lo lejos, el Cerro El Reque se reconoce como el único elemento natural tutelar del entorno y un hito significativo. El valle se encuentra acompañado por complejos arqueológicos dentro del predio, como Siete Techos y Ventarrón, este último con más de 4,500 años de historia y algunos de los murales más antiguos del continente americano.
La propuesta plantea una intervención que entiende el paisaje como una base permanente, donde la arquitectura se adapta con respeto y contención. El edificio altera sutilmente la horizontalidad mediante una cobertura en forma de cuña que emerge del suelo, mientras la capilla, desde su verticalidad, se convierte en un elemento referencial orientado en diálogo con el cerro, reconociendo su valor dentro de la memoria colectiva.
El proyecto se concibe como una pieza que se integra al terreno y al tiempo, buscando una presencia serena y duradera. Espacios intermedios atraviesan el edificio conectando los diferentes programas y priorizando la relación con el paisaje; en ellos se disponen áreas de descanso, y los trayectos del rito de entierro se acompañan por árboles que proporcionan sombra y pausa, entendiendo el clima y el recorrido como parte fundamental de la experiencia.
La arquitectura de los espacios sacramentales acompaña de manera sobria el tránsito del usuario, construyendo un lugar de recogimiento que remite a una condición atemporal. Esta exploración espacial, vinculada a la estructura, permitió que no se realizarán cambios durante la ejecución; el valor del proyecto reside en la identificación y articulación precisa de sus componentes, reafirmando decisiones claras y necesarias que dan forma a una arquitectura de carácter esencial.
El plan maestro integra las sepulturas al paisaje mediante caminos sombreados que se entrelazan con las vistas. La materialidad refuerza el vínculo con el entorno a través de tonos asociados a la tradición prehispánica, propios de las culturas Moche, Chimú y Sicán, conectando con el territorio y su memoria. Como resultado, los habitantes perciben la propuesta como una obra cercana y propia. Este proyecto es el fruto de la búsqueda de una atmósfera especial a través del trabajo con la luz y la materialidad, donde se ha buscado que la luz tenga peso y defina el espacio.
La propuesta plantea una intervención que entiende el paisaje como una base permanente, donde la arquitectura se adapta con respeto y contención. El edificio altera sutilmente la horizontalidad mediante una cobertura en forma de cuña que emerge del suelo, mientras la capilla, desde su verticalidad, se convierte en un elemento referencial orientado en diálogo con el cerro, reconociendo su valor dentro de la memoria colectiva.
El proyecto se concibe como una pieza que se integra al terreno y al tiempo, buscando una presencia serena y duradera. Espacios intermedios atraviesan el edificio conectando los diferentes programas y priorizando la relación con el paisaje; en ellos se disponen áreas de descanso, y los trayectos del rito de entierro se acompañan por árboles que proporcionan sombra y pausa, entendiendo el clima y el recorrido como parte fundamental de la experiencia.
La arquitectura de los espacios sacramentales acompaña de manera sobria el tránsito del usuario, construyendo un lugar de recogimiento que remite a una condición atemporal. Esta exploración espacial, vinculada a la estructura, permitió que no se realizarán cambios durante la ejecución; el valor del proyecto reside en la identificación y articulación precisa de sus componentes, reafirmando decisiones claras y necesarias que dan forma a una arquitectura de carácter esencial.
El plan maestro integra las sepulturas al paisaje mediante caminos sombreados que se entrelazan con las vistas. La materialidad refuerza el vínculo con el entorno a través de tonos asociados a la tradición prehispánica, propios de las culturas Moche, Chimú y Sicán, conectando con el territorio y su memoria. Como resultado, los habitantes perciben la propuesta como una obra cercana y propia. Este proyecto es el fruto de la búsqueda de una atmósfera especial a través del trabajo con la luz y la materialidad, donde se ha buscado que la luz tenga peso y defina el espacio.





