TIERRA ALTA ECUESTRE
COLOMBIA
Arq. Laurentino Cañón Moreno
COLOMBIA
Arq. Laurentino Cañón Moreno
DISEÑO ARQUITECTÓNICO: Arq. Laurentino Cañón Moreno
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 602.86 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Subachoque - Cundinamarca
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 602.86 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Subachoque - Cundinamarca
Territorio, memoria y vocación ecuestre
El proyecto se emplaza en el municipio de Subachoque, Cundinamarca, en el altiplano andino de la Sabana de Bogotá, a aproximadamente 2.600 metros sobre el nivel del mar. El paisaje rural abierto, compuesto por praderas onduladas, montañas cercanas y un cielo de gran amplitud visual, constituye el marco natural donde se desarrolla la actividad ecuestre que da sentido al conjunto.
Las caballerizas nacen del arraigo de una familia profundamente vinculada al territorio y a la cultura del caballo. Más que una infraestructura funcional, el proyecto se concibe como un espacio donde memoria, paisaje y práctica deportiva convergen. Las visuales hacia la cordillera no son un gesto formal aislado: enmarcan el territorio donde el patriarca de la familia vivió sus primeros años antes de migrar en busca de mejores oportunidades, y al cual retorna ahora desde la arquitectura. El edificio se convierte así en una forma de restitución simbólica del vínculo con la montaña.
La implantación respeta las curvas naturales del terreno, incorporando un giro en el eje central que permite adaptarse a la pendiente sin recurrir a grandes movimientos de tierra. Esta operación no solo optimiza la relación visual con el paisaje, sino que articula las caballerizas con las pistas, el redondel y los corrales inferiores, configurando un sistema ecuestre integral y coherente con el entorno rural.
Clima como premisa de diseño
El clima templado de montaña de Subachoque define el comportamiento espacial del conjunto. Las temperaturas medias anuales oscilan entre 6 °C y 18 °C, con variaciones diurnas marcadas propias de los climas tropicales de altura. Las mañanas suelen ser frías y húmedas, con presencia frecuente de neblina; el mediodía concentra radiación solar significativa; y hacia la tarde se produce un descenso térmico progresivo.
El régimen de lluvias es bimodal, alternando periodos húmedos con temporadas relativamente más secas. Con una precipitación anual cercana a los 800–900 mm, el territorio exige comprensión del agua como recurso valioso y variable.
Estas condiciones no fueron entendidas como limitantes, sino como parámetros fundamentales de diseño.
La orientación del conjunto permite aprovechar el asoleamiento matutino, favoreciendo el secado natural de superficies y reduciendo la acumulación de humedad en las primeras horas del día. La disposición longitudinal de las caballerizas facilita la ventilación cruzada, aprovechando los vientos locales asociados a dinámicas de valle y montaña. La renovación constante del aire resulta esencial en un programa ecuestre, donde la calidad ambiental interior incide directamente en la salud y el bienestar de los animales.
Organización espacial y programa
El conjunto está conformado por diez caballerizas, incluyendo una destinada a maternidad, además de áreas complementarias para almacenamiento de heno, herramientas, zona de baño, espacios de atalaje y circulación cubierta. La disposición espacial privilegia la relación visual constante con el paisaje, evitando configuraciones cerradas que aíslen el interior del entorno natural.
El techo adquiere protagonismo espacial y formal. Su geometría establece un diálogo con la pendiente de la montaña, generando ángulos que contrastan y a la vez se alinean con el perfil natural del terreno. Esta cubierta no es únicamente un gesto compositivo: su inclinación responde al manejo eficiente de las aguas lluvias y a la lógica estructural metálica que la sostiene.
Metal como estructura y lenguaje
El metal constituye un componente esencial del proyecto, no solo como solución estructural sino como elemento expresivo.
La estructura de los techos se resuelve en acero, conformando pórticos y vigas que permanecen visibles como parte del carácter del conjunto. Las vigas tipo H no se ocultan; funcionan simultáneamente como soporte estructural y como canales a la vista para la conducción de aguas lluvias. El recorrido del agua se hace explícito, evidenciando la relación directa entre cubierta y sistema de almacenamiento.
En las fachadas laterales cortas, la lámina metálica se utiliza como cerramiento continuo, generando planos que, vistos desde la distancia, contrastan con el verde predominante del paisaje. Este contraste subraya la presencia contemporánea del conjunto sin negarle su pertenencia al entorno rural.
El metal, por tanto, no es únicamente estructura; es sistema hidráulico visible, recurso compositivo y expresión de una arquitectura que asume su técnica como parte de su identidad.
Estrategias pasivas y manejo hídrico
El sistema de recolección pluvial se alimenta de aproximadamente 600 m² de cubierta. Con base en la precipitación anual local, el potencial de captación alcanza varios cientos de miles de litros al año. En este marco, el volumen de almacenamiento de aproximadamente 39.000 litros se dimensiona como reserva operativa para labores de limpieza y mantenimiento, aportando autonomía y resiliencia durante periodos relativamente más secos.
La cubierta funciona como superficie activa de captación, integrando arquitectura y ciclo hídrico en una lógica unificada. El sistema opera de manera híbrida, combinando agua potable y agua lluvia para el cuidado de los animales y el mantenimiento del conjunto.
La ventilación cruzada, apoyada en louvers metálicos estratégicamente ubicados, permite control del flujo de aire sin comprometer protección frente a lluvia y radiación directa. Esta estrategia reduce la concentración de humedad y olores, estabiliza las condiciones higrotérmicas interiores y disminuye la dependencia de soluciones mecánicas.
Materialidad y desempeño constructivo
El uso predominante de ladrillo tolete recocido producido en la región aporta masa térmica, contribuyendo a amortiguar las variaciones diurnas propias del altiplano. Durante las horas de mayor radiación solar, el material acumula calor que luego libera gradualmente cuando la temperatura exterior desciende, favoreciendo mayor estabilidad ambiental al interior de las caballerizas. Su robustez garantiza durabilidad en un programa de uso intensivo.
El concreto expuesto complementa esta lógica de resistencia estructural y bajo mantenimiento frente a condiciones de humedad frecuente.
Las puertas y divisiones interiores en madera de zapán, seleccionada bajo criterios de manejo forestal responsable, aportan baja conductividad térmica y comportamiento higroscópico favorable en clima frío-húmedo. Más allá de su valor estético, la madera contribuye a estabilizar microvariaciones ambientales y evita superficies excesivamente frías en contacto directo.
En conjunto, ladrillo, madera y metal conforman un sistema coherente que combina masa, ligereza y ventilación en equilibrio con el clima de montaña.
Vivienda integrada y eje conceptual
Un elemento singular del proyecto es la integración de la vivienda del propietario y director dentro del conjunto de caballerizas. Ubicada en un segundo nivel y situada en el punto donde se produce el giro de las plantas arquitectónicas, la vivienda actúa como eje físico y conceptual del proyecto.
Esta posición central permite una relación directa con la actividad ecuestre cotidiana, entendiendo la dirección no como distancia jerárquica sino como presencia activa. Desde este nivel elevado se observa la dinámica de las pistas y pesebreras, consolidando la idea de convivencia entre vida doméstica y práctica deportiva. La arquitectura traduce así una postura filosófica: dirigir es habitar.
Escuela ecuestre y formación en valores
El proyecto funciona también como escuela, donde la enseñanza del deporte ecuestre se vincula con la transmisión de valores como disciplina, respeto y responsabilidad. La presencia de un salón destinado a charlas y formación complementa la infraestructura técnica, integrando aprendizaje y práctica en un mismo sistema espacial.
El paisajismo y la disposición abierta del conjunto refuerzan la idea de comunidad y encuentro. La arquitectura no separa el acto deportivo del acto formativo; ambos se desarrollan en relación directa con el paisaje.
Arquitectura como retorno y permanencia
Las caballerizas en Subachoque no se conciben como un objeto aislado, sino como un acto de retorno. Retorno al paisaje del altiplano andino, retorno a la memoria familiar y retorno a una forma de habitar donde actividad productiva, vida doméstica y formación humana coexisten en un mismo territorio.
El patriarca de la familia vivió sus primeros años en estas montañas antes de verse obligado a alejarse. Décadas después, la arquitectura se convierte en el medio para restablecer ese vínculo interrumpido. Las visuales hacia la cordillera no son únicamente paisaje: son memoria reconstruida. La implantación que sigue la pendiente no es solo respuesta técnica: es reconocimiento del terreno como origen.
La estructura metálica visible, el ladrillo que acumula calor, la madera que regula la humedad, la ventilación que respira con el valle y el agua que se almacena desde la cubierta conforman un sistema coherente que integra técnica y territorio.
El proyecto no busca imponerse sobre la montaña. Se apoya en ella. No compite con el horizonte. Lo enmarca. No replica la tradición de forma literal; la reinterpreta desde la contemporaneidad y la experiencia.
En última instancia, las caballerizas no son únicamente infraestructura ecuestre. Son una arquitectura que convierte el clima en argumento, la estructura en lenguaje, el paisaje en aula y la memoria en permanencia.
El proyecto se emplaza en el municipio de Subachoque, Cundinamarca, en el altiplano andino de la Sabana de Bogotá, a aproximadamente 2.600 metros sobre el nivel del mar. El paisaje rural abierto, compuesto por praderas onduladas, montañas cercanas y un cielo de gran amplitud visual, constituye el marco natural donde se desarrolla la actividad ecuestre que da sentido al conjunto.
Las caballerizas nacen del arraigo de una familia profundamente vinculada al territorio y a la cultura del caballo. Más que una infraestructura funcional, el proyecto se concibe como un espacio donde memoria, paisaje y práctica deportiva convergen. Las visuales hacia la cordillera no son un gesto formal aislado: enmarcan el territorio donde el patriarca de la familia vivió sus primeros años antes de migrar en busca de mejores oportunidades, y al cual retorna ahora desde la arquitectura. El edificio se convierte así en una forma de restitución simbólica del vínculo con la montaña.
La implantación respeta las curvas naturales del terreno, incorporando un giro en el eje central que permite adaptarse a la pendiente sin recurrir a grandes movimientos de tierra. Esta operación no solo optimiza la relación visual con el paisaje, sino que articula las caballerizas con las pistas, el redondel y los corrales inferiores, configurando un sistema ecuestre integral y coherente con el entorno rural.
Clima como premisa de diseño
El clima templado de montaña de Subachoque define el comportamiento espacial del conjunto. Las temperaturas medias anuales oscilan entre 6 °C y 18 °C, con variaciones diurnas marcadas propias de los climas tropicales de altura. Las mañanas suelen ser frías y húmedas, con presencia frecuente de neblina; el mediodía concentra radiación solar significativa; y hacia la tarde se produce un descenso térmico progresivo.
El régimen de lluvias es bimodal, alternando periodos húmedos con temporadas relativamente más secas. Con una precipitación anual cercana a los 800–900 mm, el territorio exige comprensión del agua como recurso valioso y variable.
Estas condiciones no fueron entendidas como limitantes, sino como parámetros fundamentales de diseño.
La orientación del conjunto permite aprovechar el asoleamiento matutino, favoreciendo el secado natural de superficies y reduciendo la acumulación de humedad en las primeras horas del día. La disposición longitudinal de las caballerizas facilita la ventilación cruzada, aprovechando los vientos locales asociados a dinámicas de valle y montaña. La renovación constante del aire resulta esencial en un programa ecuestre, donde la calidad ambiental interior incide directamente en la salud y el bienestar de los animales.
Organización espacial y programa
El conjunto está conformado por diez caballerizas, incluyendo una destinada a maternidad, además de áreas complementarias para almacenamiento de heno, herramientas, zona de baño, espacios de atalaje y circulación cubierta. La disposición espacial privilegia la relación visual constante con el paisaje, evitando configuraciones cerradas que aíslen el interior del entorno natural.
El techo adquiere protagonismo espacial y formal. Su geometría establece un diálogo con la pendiente de la montaña, generando ángulos que contrastan y a la vez se alinean con el perfil natural del terreno. Esta cubierta no es únicamente un gesto compositivo: su inclinación responde al manejo eficiente de las aguas lluvias y a la lógica estructural metálica que la sostiene.
Metal como estructura y lenguaje
El metal constituye un componente esencial del proyecto, no solo como solución estructural sino como elemento expresivo.
La estructura de los techos se resuelve en acero, conformando pórticos y vigas que permanecen visibles como parte del carácter del conjunto. Las vigas tipo H no se ocultan; funcionan simultáneamente como soporte estructural y como canales a la vista para la conducción de aguas lluvias. El recorrido del agua se hace explícito, evidenciando la relación directa entre cubierta y sistema de almacenamiento.
En las fachadas laterales cortas, la lámina metálica se utiliza como cerramiento continuo, generando planos que, vistos desde la distancia, contrastan con el verde predominante del paisaje. Este contraste subraya la presencia contemporánea del conjunto sin negarle su pertenencia al entorno rural.
El metal, por tanto, no es únicamente estructura; es sistema hidráulico visible, recurso compositivo y expresión de una arquitectura que asume su técnica como parte de su identidad.
Estrategias pasivas y manejo hídrico
El sistema de recolección pluvial se alimenta de aproximadamente 600 m² de cubierta. Con base en la precipitación anual local, el potencial de captación alcanza varios cientos de miles de litros al año. En este marco, el volumen de almacenamiento de aproximadamente 39.000 litros se dimensiona como reserva operativa para labores de limpieza y mantenimiento, aportando autonomía y resiliencia durante periodos relativamente más secos.
La cubierta funciona como superficie activa de captación, integrando arquitectura y ciclo hídrico en una lógica unificada. El sistema opera de manera híbrida, combinando agua potable y agua lluvia para el cuidado de los animales y el mantenimiento del conjunto.
La ventilación cruzada, apoyada en louvers metálicos estratégicamente ubicados, permite control del flujo de aire sin comprometer protección frente a lluvia y radiación directa. Esta estrategia reduce la concentración de humedad y olores, estabiliza las condiciones higrotérmicas interiores y disminuye la dependencia de soluciones mecánicas.
Materialidad y desempeño constructivo
El uso predominante de ladrillo tolete recocido producido en la región aporta masa térmica, contribuyendo a amortiguar las variaciones diurnas propias del altiplano. Durante las horas de mayor radiación solar, el material acumula calor que luego libera gradualmente cuando la temperatura exterior desciende, favoreciendo mayor estabilidad ambiental al interior de las caballerizas. Su robustez garantiza durabilidad en un programa de uso intensivo.
El concreto expuesto complementa esta lógica de resistencia estructural y bajo mantenimiento frente a condiciones de humedad frecuente.
Las puertas y divisiones interiores en madera de zapán, seleccionada bajo criterios de manejo forestal responsable, aportan baja conductividad térmica y comportamiento higroscópico favorable en clima frío-húmedo. Más allá de su valor estético, la madera contribuye a estabilizar microvariaciones ambientales y evita superficies excesivamente frías en contacto directo.
En conjunto, ladrillo, madera y metal conforman un sistema coherente que combina masa, ligereza y ventilación en equilibrio con el clima de montaña.
Vivienda integrada y eje conceptual
Un elemento singular del proyecto es la integración de la vivienda del propietario y director dentro del conjunto de caballerizas. Ubicada en un segundo nivel y situada en el punto donde se produce el giro de las plantas arquitectónicas, la vivienda actúa como eje físico y conceptual del proyecto.
Esta posición central permite una relación directa con la actividad ecuestre cotidiana, entendiendo la dirección no como distancia jerárquica sino como presencia activa. Desde este nivel elevado se observa la dinámica de las pistas y pesebreras, consolidando la idea de convivencia entre vida doméstica y práctica deportiva. La arquitectura traduce así una postura filosófica: dirigir es habitar.
Escuela ecuestre y formación en valores
El proyecto funciona también como escuela, donde la enseñanza del deporte ecuestre se vincula con la transmisión de valores como disciplina, respeto y responsabilidad. La presencia de un salón destinado a charlas y formación complementa la infraestructura técnica, integrando aprendizaje y práctica en un mismo sistema espacial.
El paisajismo y la disposición abierta del conjunto refuerzan la idea de comunidad y encuentro. La arquitectura no separa el acto deportivo del acto formativo; ambos se desarrollan en relación directa con el paisaje.
Arquitectura como retorno y permanencia
Las caballerizas en Subachoque no se conciben como un objeto aislado, sino como un acto de retorno. Retorno al paisaje del altiplano andino, retorno a la memoria familiar y retorno a una forma de habitar donde actividad productiva, vida doméstica y formación humana coexisten en un mismo territorio.
El patriarca de la familia vivió sus primeros años en estas montañas antes de verse obligado a alejarse. Décadas después, la arquitectura se convierte en el medio para restablecer ese vínculo interrumpido. Las visuales hacia la cordillera no son únicamente paisaje: son memoria reconstruida. La implantación que sigue la pendiente no es solo respuesta técnica: es reconocimiento del terreno como origen.
La estructura metálica visible, el ladrillo que acumula calor, la madera que regula la humedad, la ventilación que respira con el valle y el agua que se almacena desde la cubierta conforman un sistema coherente que integra técnica y territorio.
El proyecto no busca imponerse sobre la montaña. Se apoya en ella. No compite con el horizonte. Lo enmarca. No replica la tradición de forma literal; la reinterpreta desde la contemporaneidad y la experiencia.
En última instancia, las caballerizas no son únicamente infraestructura ecuestre. Son una arquitectura que convierte el clima en argumento, la estructura en lenguaje, el paisaje en aula y la memoria en permanencia.








