CASA PARA ISAAC
COSTA RICA
Arq. Franklin Arrieta y Arq. Ellen Rojas
COSTA RICA
Arq. Franklin Arrieta y Arq. Ellen Rojas
DISEÑO ARQUITECTÓNICO: Arq. Franklin Arrieta Mosquera
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 85 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Santa Cruz, Guanacaste
ÁREA CONSTRUCCIÓN: 85 m²
UBICACIÓN DE PROYECTO: Santa Cruz, Guanacaste
A la corta edad de mi ejercicio, he comprendido que la arquitectura debe nacer desde el hálito, entendiéndose desde lo más básico del lugar y su entorno, desde la regla natural y sus principios. Por ende, así es como ésta se vuelve poiesis; “porque debemos hacerla con el alma, con el pensamiento y con las manos”.
De esta reflexión es que nace la Casa para Isaac (nuestro hijo), el ser que despertó nuestra conciencia protectora y de refugio, y nos elevó a explorar lo más básico y lo más complejo de lo que es la esencialidad. Desde este panorama nace la idea de colocar las herramientas, los materiales y el ingenio para crear desde las bases de la lógica de los “legos” y la intuición de un ser humano de 2/3 años que crea su primer avión para volar en su imaginación (arquitectura como lugar, Joseph Muntañola). Y también, del arraigo arquetípico que desdibuja el adulto a su imaginación, pero sin sesgo a dominar una verdad absoluta. Dicho todo esto, concebimos un elemento que estudia la base de las casas de madera de antaño de la localidad, pero evolucionándola hacia la contemporaneidad, entendiendo que “la arquitectura puede valerse de los elementos de la modernidad, sin abandonar el respeto y el diálogo con el pasado” (Rafael Moneo). Sea dicho de paso, la casa se convierte en un modelo de auscultación donde el material local como la madera; se trabaja de forma artesanal y se combina con elementos como el metal y el bloque de concreto, generando una composición legotípica y esencial para el refugio que buscábamos para nuestro pequeño.
Aunado a todas las partes y su esencia, también pensamos en la lectura del desarme como la lógica del sistema lo dicta, porque es una tarea de compromiso poietico el que nos permite pensar en el futuro de cada una de las partes, ya que después podemos crear no solo otro avión, sino muchas otras cosas que vengan a la imaginación de aquel niño explorador. Entendiéndolo de forma más básica, la casa se puede desarmar, utilizando el 90% de sus partes para construir otro elemento donde sea y cuando sea; esto porque entendimos la nobleza de cada uno de los elementos de forma individual. Sumado a esto, también, porque alrededor de un 10% de la madera utilizada provino de una edificación construida hace alrededor de 50 años y fue desarmada, logrando aprovechar la compra de una parte e instalándola en la Casa para Isaac. De esta forma, creo firmemente en que lo esencial de cada cosa que hacemos no está en el hacer por hacer, sino en su propósito, cómo lo construimos y cómo lo podemos devolver al entorno del que provino sin dejarlo escapar a un solo uso.
Este enfoque recuerda que la arquitectura, cuando es honesta, no es un objeto estático, sino un organismo reversible. Que logra transformar la "Casa para Isaac" en una lección viva de economía circular y respeto histórico.
Al tomar la decisión de hacer la casa 90% desarmable es quizás el punto más vanguardista de la propuesta. En la arquitectura actual, hablamos mucho de sostenibilidad, pero pocos se atreven a diseñar pensando en el "fin de la vida útil" como una oportunidad de re-creación.
Al permitir que la casa se convierta en "muchas otras cosas", estamos regalándole a Isaac no solo un refugio, sino un kit de herramientas para su futuro. Estamos rompiendo con la "obsolescencia programada" del sector construcción.
De esta reflexión es que nace la Casa para Isaac (nuestro hijo), el ser que despertó nuestra conciencia protectora y de refugio, y nos elevó a explorar lo más básico y lo más complejo de lo que es la esencialidad. Desde este panorama nace la idea de colocar las herramientas, los materiales y el ingenio para crear desde las bases de la lógica de los “legos” y la intuición de un ser humano de 2/3 años que crea su primer avión para volar en su imaginación (arquitectura como lugar, Joseph Muntañola). Y también, del arraigo arquetípico que desdibuja el adulto a su imaginación, pero sin sesgo a dominar una verdad absoluta. Dicho todo esto, concebimos un elemento que estudia la base de las casas de madera de antaño de la localidad, pero evolucionándola hacia la contemporaneidad, entendiendo que “la arquitectura puede valerse de los elementos de la modernidad, sin abandonar el respeto y el diálogo con el pasado” (Rafael Moneo). Sea dicho de paso, la casa se convierte en un modelo de auscultación donde el material local como la madera; se trabaja de forma artesanal y se combina con elementos como el metal y el bloque de concreto, generando una composición legotípica y esencial para el refugio que buscábamos para nuestro pequeño.
Aunado a todas las partes y su esencia, también pensamos en la lectura del desarme como la lógica del sistema lo dicta, porque es una tarea de compromiso poietico el que nos permite pensar en el futuro de cada una de las partes, ya que después podemos crear no solo otro avión, sino muchas otras cosas que vengan a la imaginación de aquel niño explorador. Entendiéndolo de forma más básica, la casa se puede desarmar, utilizando el 90% de sus partes para construir otro elemento donde sea y cuando sea; esto porque entendimos la nobleza de cada uno de los elementos de forma individual. Sumado a esto, también, porque alrededor de un 10% de la madera utilizada provino de una edificación construida hace alrededor de 50 años y fue desarmada, logrando aprovechar la compra de una parte e instalándola en la Casa para Isaac. De esta forma, creo firmemente en que lo esencial de cada cosa que hacemos no está en el hacer por hacer, sino en su propósito, cómo lo construimos y cómo lo podemos devolver al entorno del que provino sin dejarlo escapar a un solo uso.
Este enfoque recuerda que la arquitectura, cuando es honesta, no es un objeto estático, sino un organismo reversible. Que logra transformar la "Casa para Isaac" en una lección viva de economía circular y respeto histórico.
Al tomar la decisión de hacer la casa 90% desarmable es quizás el punto más vanguardista de la propuesta. En la arquitectura actual, hablamos mucho de sostenibilidad, pero pocos se atreven a diseñar pensando en el "fin de la vida útil" como una oportunidad de re-creación.
Al permitir que la casa se convierta en "muchas otras cosas", estamos regalándole a Isaac no solo un refugio, sino un kit de herramientas para su futuro. Estamos rompiendo con la "obsolescencia programada" del sector construcción.





